Domingo 4º de Cuaresma
«TODO LO MÍO ES TUYO»
Dios es dadivoso y rico en sus dones. Nos da la existencia y la vida, las riquezas de su creación y los dones de su amor inagotable. Es una paradoja que, mientras al cristiano se le pide que lo deje en el seguimiento exclusivo de Dios, a la vez, se le entregue todo para que le sirva.
A los Israelitas, que dejaron la abundancia de Egipto para caminar por el desierto, les entrega el maná de cada día y finalmente la tierra y la cosecha de Canaán (Jos 5,12). Al que es de Cristo, Dios le hace creatura nueva (2 Co 5,17) y le da los dones de la reconciliación y la salvación (2 Co 5,21).
Dios Padre, infinito en sus riquezas, no se empobrece al regalar a sus hijos la abundancia de sus dones. Nos da el don increado de su Espíritu eterno. Nos regala dones personales: la túnica nueva de la gracia, el anillo del compromiso de fidelidad y amor, las sandalias del evangelio de la paz (Lc 15,22). Nos da los dones comunitarios de los ministerios eclesiales, de los sacramentos, los carismas y los frutos del Espíritu, y nos prepara el banquete gozoso de su amor (Lc 15,23). Y, por si todo esto fuera poco, todavía añade al hijo mayor, Jesús: «Todo lo mío es tuyo» (Lc 15,34). Y cuando nos ve identificados y trasformados en Jesús, su Hijo mayor y unigénito, se atreve a decirnos a nosotros: «todo lo mío es tuyo».
¡Hasta del don de hacer milagros y de sanar de Jesús es tuyo! y el mismo Jesús, don de dones, ¡es tuyo!
«Gracias, Dios mío, por tus dones innumerables y continuados. ¡Gracias, Padre, por tu promesa: Todo lo mío es tuyo! Que también todo mi yo llegue a ser tuyo. Amén».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo C – Ceferino Santos S.J.