Una corriente de gracia para todos
La Renovación Carismática Católica la forman grupos de todas las edades y condiciones (casados, solteros, religiosos, jóvenes, adultos, ancianos)
que desean vivir la buena noticia del Evangelio dando al mundo un testimonio de luz y esperanza.
San Juan Pablo II definió la Renovación Carismática como
«una manifestación elocuente de la vitalidad siempre joven de la Iglesia».
La Renovación Carismática tiene como finalidad:
Tener un encuentro con Cristo, Vivo y Resucitado
Redescubrir la Gracia Bautismal y la propia identidad cristiana
Hacer presente hoy en el mundo la experiencia de Pentecostés
Renovar la Iglesia y el mundo, con la ayuda de los dones y carismas del Espíritu Santo
Nuestra identidad:
Efusión del Espíritu
Nuestra misión fundamental es hacer presente hoy en el mundo la experiencia de Pentecostés. Desde su nacimiento en el Cenáculo, la Iglesia ha sido enriquecida por los carismas del Espíritu Santo. Nuestra manera de acceder a este regalo es mediante los Seminarios de Vida en el Espíritu y la efusión del Espíritu, que sirven para actualizar y redescubrir el sacramento del bautismo, gracias al cual somos hijos de Dios.
Jesús es el Señor
El Espíritu Santo nos mueve a vivir una relación personal y espontánea con Jesús. Cristo no es un personaje histórico que vivió hace dos mil años, sino que ha muerto por mí, ha resucitado y está vivo. La experiencia de Pentecostés nos lleva a proclamar que Jesús es el Señor.
Gratuidad del Amor de Dios
En el ADN de la Renovación Carismática está la libertad. Más que hacer, lo que buscamos es dejar a hacer a Dios. Tras la experiencia del Espíritu, los bautizados redescubrimos que el Amor de Dios es “gratis”: no hay nada que puedas hacer para Dios te ame más y nada que puedas hacer para que Dios te ame menos. Más que hacer obras para Dios, lo que Jesús quiere es que nos dediquemos a hacer las obras de Dios. Y Él se encarga del resto.
Grupos de oración
Entre los descubrimientos de la experiencia carismática es que el Espíritu Santo, además de regalarnos un encuentro personal con Jesús nos descubre el gran don de la Comunidad, donde afloran los carismas del Espíritu Santo y podemos ver en los hermanos como se producen múltiples conversiones, resurge la oración que antes estaba apagada, se ilumina el entendimiento al leer la Biblia y la Palabra de Dios y estalla un canto alegre de alabanza.