Miércoles de la 11ª Semana
LA RECOMPENSA DE DIOS
Frente a la carencia de méritos que el hombre tiene ante Dios, resultan conmovedoras las palabras de Jesús que nos hablan de «la recompensa de nuestro Padre celestial» (Mt 6,1). Dios Padre ofrece a sus hijos la recompensa desmedida de su gloria por nuestros pequeñísimos servicios. Si damos limosna al necesitado, sin buscar el aplauso de los hombres, «tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará» (Mt 6,4), y no con cualquier paga, sino con la recompensa inmerecida de la vida divina y eterna.
Si acudes a Dios con tu oración humilde y escondida, «tu Padre, que ve en lo escondido, Te lo pagará» (Mt 6,6). Si ayunas para purificarte y para que otros coman, «tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará» (Mt 6,18). Si le damos a Dios nuestra pobre vida para su servicio, Él mismo vendrá a ser nuestra recompensa y nos llevará con Él a su casa y a su gozo, como hizo con Elías, cuando «subió al cielo en el torbellino de un carro de fuego con caballos llameantes» (2 R 2,11).
Oh Dios, maravillosa recompensa de tus humildes servidores: Te damos gracias por el premio del cielo Contigo que nos preparas y por la gloria inmerecida de tu divinidad que nos prometes. Te damos gracias por todos esos hermanos y hermanas nuestros, que han recibido por su santidad el premio abundantísimo de tu gloria y nos gozamos con su dicha inagotable.
«Hijos míos: Yo mismo seré vuestra infinita recompensa. Servidme por amor y en desprendimiento. Amadme por mí mismo y no por el premio ilimitado que os preparo».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.