Martes 2 de julio

2.07.24

Martes de la 13ª Semana

SÁLVANOS, SEÑOR

La petición del Salmista: «Sálvanos, Señor» (Sl 12,2), vale para que la repitamos constantemente en todas las circunstancias de la vida. En los momentos amenazantes es justo acudir a Dios con esta súplica, llena de esperanza y de fe y no agobiada por la angustia y por el miedo, como oraron los apóstoles cuando vieron el lago de Genesaret que el temporal les hacía naufragar. «¡Señor, sálvanos que nos hundimos!» (Mt 8,25).

Necesitamos la protección del Señor en las horas difíciles del arrepentimiento y del castigo de Dios sobre su pueblo rebelde: «Os tomaré cuentas por vuestros pecados» (Am 3,2). También en la hora del perdón acudimos a Dios para decirle: «Señor, ten piedad porque soy un pecador» (Lc 18,13). Cuando uno camina con el atracador que no conoce (Am 3,3), ha de pedir salvación a Dios para él y para el bandolero que le acompaña.

Cuando el león ruge en la espesura por donde pasamos (Am 3,4) y arrecia la prueba, necesitamos salvación de lo alto: Sálvanos, Señor, de «Satanás, que ruge como león poderoso buscando a quién devorar» (1 P 5,8). En el camino de la salvación dependemos plenamente de Dios.

«Señor: guíanos con justicia» (Sl 5,9).»Tú no eres un Dios, que ame la maldad ni el pecado, y el impío no es tu huésped» (Sl 5,5). Sánanos con tu justicia y rectitud y entraremos en tu Casa con acción de gracias, porque en Ti hemos encontrado nuestra salvación.

«Yo, vuestro Señor y Maestro, estoy en medio de vosotros en las tempestades y peligros. Vivís en las nuevas Sodomas y Gomorras de la corrupción y del pecado. Yo os libraré con mi santidad, mi poder y mi justicia. Poneos en mis manos en las de mi Madre en la hora de la prueba. Esperad en Mí».

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.Martes de la 13ª Semana

SÁLVANOS, SEÑOR

La petición del Salmista: «Sálvanos, Señor» (Sl 12,2), vale para que la repitamos constantemente en todas las circunstancias de la vida. En los momentos amenazantes es justo acudir a Dios con esta súplica, llena de esperanza y de fe y no agobiada por la angustia y por el miedo, como oraron los apóstoles cuando vieron el lago de Genesaret que el temporal les hacía naufragar. «¡Señor, sálvanos que nos hundimos!» (Mt 8,25).

Necesitamos la protección del Señor en las horas difíciles del arrepentimiento y del castigo de Dios sobre su pueblo rebelde: «Os tomaré cuentas por vuestros pecados» (Am 3,2). También en la hora del perdón acudimos a Dios para decirle: «Señor, ten piedad porque soy un pecador» (Lc 18,13). Cuando uno camina con el atracador que no conoce (Am 3,3), ha de pedir salvación a Dios para él y para el bandolero que le acompaña.

Cuando el león ruge en la espesura por donde pasamos (Am 3,4) y arrecia la prueba, necesitamos salvación de lo alto: Sálvanos, Señor, de «Satanás, que ruge como león poderoso buscando a quién devorar» (1 P 5,8). En el camino de la salvación dependemos plenamente de Dios.

«Señor: guíanos con justicia» (Sl 5,9).»Tú no eres un Dios, que ame la maldad ni el pecado, y el impío no es tu huésped» (Sl 5,5). Sánanos con tu justicia y rectitud y entraremos en tu Casa con acción de gracias, porque en Ti hemos encontrado nuestra salvación.

«Yo, vuestro Señor y Maestro, estoy en medio de vosotros en las tempestades y peligros. Vivís en las nuevas Sodomas y Gomorras de la corrupción y del pecado. Yo os libraré con mi santidad, mi poder y mi justicia. Poneos en mis manos en las de mi Madre en la hora de la prueba. Esperad en Mí».

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.