Sábado de la 17ª Semana
DIOS GLORIFICADO EN TODO
Juan el Bautista todos los días de su corta vida fue un consagrado del Señor; y en su muerte martirial justificó que era sacrificio y jubileo para Dios. Herodes, el injusto, «mandó decapitar a Juan en la cárcel» (Mt 14,10). Los mártires se convierten en una glorificación plena de su Señor. Por su fidelidad a Dios son nuestro ejemplo y nuestro júbilo. Un año jubilar debería glorificar a Dios, como la muerte de los mártires y la persecución de los justos lo glorifican. Cada año de jubileo ha de interpelarnos para ser más de Dios.
El profeta Jeremías, declarado «reo de muerte» (Jr 26,11) por los sacerdotes de Jerusalén, glorifica a Dios con la fidelidad a su mensaje. Cuando los príncipes del pueblo lo absuelven y dicen: «no es reo de muerte» (Jr 16,26), el profeta vuelve a glorificar a la verdad, a la providencia y a la justicia de Dios. ¡Ojalá que todo nuestro ser y nuestro tiempo sirviesen para glorificar a Dios y a Él estuviesen consagrados en jubileo y en ofrenda generosa!
Los ángeles y María, Reina de los ángeles, celebran el jubileo perpetuo y eterno de cantar sin cesar la gloria del Señor. La Iglesia les recuerda también hoy como modelos de consagrados para el jubileo inacabable de Dios.
Señor Jesús, que nosotros en los cincuentenarios jubilares y en los días y en las horas sin brillo busquemos celebrarte siempre con júbilo y sin descanso. Amén.
«Mis jubileos son tiempos de gracia, horas de conversión y de entrega. No dejéis pasar en vano mis momentos de gracia y de perdón. Compartid con los demás vuestros bienes para que el jubileo alcance también a los necesitados y la consagración de todo vuestro ser me glorifique».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.