Lunes 1 ª Semana de Adviento (Ciclo C)
ÉL NOS INSTRUIRÁ EN SUS CAMINOS
Isaías nos promete de parte de Dios que «Él nos instruirá en sus caminos» (Is 2,3). El Mesías que viene es el Maestro de verdad, que nos enseña con su Palabra que sale de Jerusalén. Cristo viene como luz que ilumina las oscuridades del mundo y, gracias a su resplandor glorioso, podemos caminar a la luz del Señor (Is 2,5). El vástago de David, que llega (Is 4,2), será joya de gloria para los supervivientes de Israel y Salvador universal.
Cuando Cristo viene a nuestra casa, transforma nuestra miseria, ilumina nuestra ignorancia, sana nuestra flaqueza, cura nuestras enfermedades y alivia nuestros sufrimientos (Mt 8,6-7). Él es nuestra salvación. Pero en ninguna morada humana ha hecho Cristo las maravillas que realizó con mano poderosa en la casa santa y en el templo de María virgen, su Madre. Ella estuvo llena desde el primer
momento de su ser con la luz radiante del Señor. Nadie caminó como Ella en fidelidad por las sendas del Señor (Is 2,3). Nadie estuvo como Ella firme como monte de la casa del Señor (Is 2,2), ni tan encumbrada sobre todas las montañas de santidad. Nadie entre las puras criaturas humanas ha poseído una santidad como la de María. Nadie ha tenido en sí tanta luz y tanta gracia del Espíritu de Dios.
María estuvo llena de fe en los planes misteriosos de Dios para salvarnos. De Ella sí que puede decir Jesús: «En nadie he encontrado tanta fe» (Mt 8,10). Tras Ella caminan los hombres y las mujeres de fe, que creyeron contra toda esperanza, conocieron los caminos de Dios y experimentaron su salvación y sus maravillas, como el oficial romano del evangelio y tantos santos y santas de la historia humana. Los justos vivieron de la fe.
Consíguenos, Madre de Jesús, ser instruidos en los caminos de Dios para servirle como tú le serviste siempre. Dile a Cristo que venga a nosotros a sanar nuestra miseria. Prepara nuestra casa para que podamos recibir menos indignamente en ella a tu Hijo Jesús, cada vez que venga a nosotros. Que venga también el Espíritu Santo a nosotros para recibir contigo a Jesús.
«Hijos míos queridos: caminad siempre a la luz de gloria de mi Hijo Jesús. Vivid en alerta continua y preparados para sus sucesivas venidas salvadoras. Aunque no seáis dignos de recibirlo en vuestra morada, yo intercederé por vosotros para que el Espíritu de Dios os santifique y embellezca interiormente como lo hizo Conmigo. Yo, vuestra Madre, os amo y os protejo».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.