Miércoles 2ª Semana
SACERDOTE SEGÚN EL RITO DE MELQUISEDEC
Como Sacerdote supremo no cesa en su intercesión por la humanidad para destruir el reino del pecado e instaurar su Reino de paz.
Cristo, que se ofrenda a sí mismo cada día y siempre, entra en el templo del Padre para celebrar su sábado eterno como cuando celebraba en las sinagogas sus sábados terrenales, haciendo el bien a los enfermos y sanando paralíticos (Mc 3,5).
Cristo continúa hoy haciendo el bien y salvando la vida a los hombres (Mc 3,4) todos los días, pero también en sábados y en domingos, cuando su acción sacerdotal en favor de los hombres se intensifica de algún modo con un mayor número de Eucaristías para salvar al hombre. Éste es uno de los oficios primordiales de Cristo: curar en sábado y siempre a los hombres heridos en el cuerpo y en el alma. Cristo sigue hoy restableciendo a los hombres desde su santo Templo.
Jesús también, como un nuevo David, sale al campo abierto de la historia para defender a su pueblo de las amenazas y agresiones del nuevo y gigante Goliat, Satanás, el enemigo de nuestras almas. Con el palo del madero de la cruz Cristo se enfrentó a Satanás y le venció «sin necesidad de espadas ni de lanzas» (1 S 17,47). Es Cristo quien hiere en su cabeza a la serpiente infernal, como David hirió y cortó la cabeza del gigante filisteo, Goliat (1 S 17,49-51).
Cristo, como sacerdote, como liberador y como rey, expone su vida por salvar las nuestras de la esclavitud de Satanás.
¡Oh, Cristo, adoro tu trabajo sacerdotal y salvífico en el sábado y cada día, sin descanso; adoro tu sacrificio sacerdotal de todas las horas en las Eucaristías innumerables, donde Te ofrendas al Padre cada segundo del día y de la noche! Te doy gracias por tu acción sanadora y continuada y porque Tú nos liberas cada día de la esclavitud opresora del Goliat satánico. ¡Gracias, Cristo, Salvador de nuestras vidas!
“El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo C – Ceferino Santos S.J.