Viernes 3ª Semana
LA GRATUIDAD DE DIOS
La gracia de Dios no la podemos merecer; es «gratuita» siempre, pero nunca es «barata». La gratuidad de Dios nos rodea y nos invade. La simiente o el «germen» de vida de Dios en nosotros es gratuito y nos hace hijos de Dios (1 Jn 3,9), pero a Cristo le costó el ganárnoslo su vida, su sangre y su muerte redentora. El no caer en pecado, por haber nacido del germen de Dios, es también gratuidad divina.
Cuando la vida de Dios crece en nosotros y da frutos, igual que el grano de mostaza crece y se hace la mayor de las legumbres (Mc 4,31-32), estamos gozando de la gratuidad de Dios, pues sólo Él es el que da el crecimiento (1 Co 3,7).
El decrecer nosotros por la humildad para que Cristo crezca también es gratuidad. La semilla de Dios se desarrolla gratuitamente, mientras dormimos, según el programa de Dios y no según nuestros planes y programas. La gratuidad de Dios nos envuelve. Gratuidad es el sol de su amor, que nos hace germinar, crecer, madurar y fructificar para la vida eterna. Sin el cálido sol de su Amor inmerecido nunca seríamos hijos ni amados, ni justificados ni siquiera elegidos. ¡Déjame vivir, Señor, al sol amoroso de tu gratuidad continuada!
Te doy gracias, Jesús, porque pagaste por nosotros el elevado precio redentor de tu gratuidad.
Quiero dejar que me ames con tu amor gratuito y que con él me redimas.
“El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo C – Ceferino Santos S.J.