Miércoles 4ª Semana de Pascua
San Isidro Labrador
MI PADRE ES EL LABRADOR
En la fiesta de San Isidro labrador podemos también recordar que el Padre celeste es el labrador (Jn 15,1b). Él planta en nosotros la semilla de la fe y le da
crecimiento.
Como buen Labrador el Padre nos injerta en el Hijo, que es «la verdadera vid» (Jn 15, 1a) para que demos buen fruto, y «a todo el que da fruto, lo poda para que dé más fruto» (Jn 15,2) para la vida eterna.
El Señor nos ayuda a producir frutos de paciencia y a esperar las lluvias tempranas y tardías (St 5,7), como hizo con San Isidro labrador, desplazado primeramente de Madrid a Torrelaguna por los ataques y saqueos de los almorávides, y luego de Madrid a Extremadura por la voluntad de su amo don Juan de Vargas.
El Señor hará crecer en nosotros la piedad y la oración: «Rezad unos por otros para que os curéis» (St 5,16b). Al permanecer en la vid de Jesús, la oración se robustece y se une a la oración de Jesús, de modo que pediremos lo que deseamos, esto es, lo que desea y pide Jesús, y se realizará (Jn 15,7).
Por intercesión de San Isidro labrador Te pedimos, Padre, que cuides de tu viña y del campo de tu heredad. Produce en nosotros fruto espiritual abundante para que los hombres sean robustecidos en la Palabra de tu Hijo Jesús y conozcan la abundancia de vida que hay en Ti. Siembra en nuestras vidas la bendita semilla de tu Hijo para que crezca en nosotros hasta la vida eterna. Amén.
«Yo os envío, hijos míos, a mi viña para trabajar y dar fruto. No os dejéis vencer por el cansancio o la pereza. San Isidro y mis Santos fueron obreros incansables de mi gloria. No os canséis de servirme en mi viña con amor».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo C (Ceferino Santos S.J.)