Un nuevo Pentecostés en El Burgo de Osma
Del 11 al 13 de septiembre, el Seminario Diocesano de El Burgo de Osma se convirtió en un verdadero Cenáculo, acogiendo el Seminario de Vida en el Espíritu organizado por la Renovación Carismática Católica en España de la diócesis de Osma-Soria.
Sesenta participantes, en su mayoría procedentes de Soria, pero también llegados de otras diócesis, nos reunimos para abrir de par en par el corazón a la acción del Espíritu Santo. Desde el primer momento experimentamos la alegría de acogernos como hermanos y de caminar juntos hacia un encuentro más profundo con Jesucristo.
Han sido días de mucha gracia y mucha unción. El Espíritu Santo ha alentado el corazón de cada participante para descubrir y acoger una vida nueva en el Señor: postrando nuestra vida ante Jesús, el Señor; dejándonos abrazar por el amor misericordioso del Padre; y caminando siempre de la mano de María, nuestra Madre, fiel discípula de Jesús y Madre de la Iglesia.
Hemos vivido momentos especialmente intensos de adoración, alabanza, intercesión y confesión, espacios en los que el Señor ha ido sanando, renovando y fortaleciendo los corazones. Damos gracias de manera especial a los hermanos de Zaragoza y Burgos, que generosamente vinieron a compartir su servicio y su experiencia con nosotros, y a los seis sacerdotes de nuestra diócesis de Osma-Soria que hicieron posible atender a tantos hermanos en el sacramento de la Reconciliación.
El propio Seminario Diocesano de El Burgo de Osma ha sido mucho más que un lugar de encuentro. Para nosotros se convirtió en un auténtico Cenáculo, un espacio de oración, fraternidad y presencia del Señor; un lugar donde hemos podido experimentar un nuevo Pentecostés.
Nos marchamos con el corazón agradecido y renovado, conscientes de que lo vivido no termina aquí. El Espíritu Santo nos envía ahora a nuestras familias, comunidades y parroquias para llevar esta vida nueva y anunciar que Jesucristo está vivo y sigue transformando corazones.
Damos gracias a Dios por cada hermano, por cada sacerdote, por cada servidor y por cada gracia recibida. Que María, Madre de la Iglesia, nos acompañe siempre y nos enseñe, como ella, a decir cada día: «Hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38).
¡Ven, Espíritu Santo! Renueva nuestra vida, renueva nuestra Iglesia y haz de nosotros verdaderos testigos de Jesucristo!
