Testimonio del P. J. A.

7.12.22

¡Solo dos días!

Soy un sacerdote diocesano que no había tenido ningún contacto, hasta la fecha, con la Renovación Carismática. Y este Seminario de Vida en el Espíritu, ha sido ¡¡todo un primero contacto!!

La motivación humana que me empujó a asistir fue el hecho de que me habían hablado de él, que podía hacerme mucho bien; un amigo sacerdote lo había hecho recientemente y me lo recomendaba. Pero, sobre todo, porque eran solo dos días, era breve. Mi estilo y forma habitual de proceder no es, al menos hasta la fecha, nada carismático, y en el peor de los casos, si no me sintiese cómodo, sería algo que acabaría rápido.

Ahora, una vez que he tenido el GOZO, la DICHA, por regalo de Dios, de haberlo podido vivir, tendría que añadirle al título de este testimonio, un par de interrogaciones o un par de exclamaciones ¿¿!!solo dos días!!??

¡¡Ha sido muy corto!!, intenso, pero corto. Por mi parte, podría haber continuado toda la semana, a pesar de la ola de calor. Me he sentido muy libre y muy cómodo, incluso con esos gestos normales y sencillos que les caracterizan, pero que no han sido nunca habituales en mi vida, ni en mi estilo natural.

Lo realmente importante es que el Espíritu del Señor ha llenado mi corazón y lo ha reencendido con el fuego de su Amor. No se ha tratado de una llamarada momentánea y explosiva, sino una llama que sigue ardiendo y enardeciendo mi corazón más y más, cada día que pasa, y voy experimentando como me mueve a vivir el ministerio y mi vida sacerdotal de forma mucho más viva, más veraz, incluso más valiente, me atrevería decir.

Durante el SVE, no he escuchado nada que no supiese ya, pero la GRACIA está en que escuchando eso, que ya sabía desde hace mucho tiempo, se convierte en un momento muy especial que me mueve a vivirlo. El Señor aprovecha la posibilidad que le brindamos para que su Espíritu actúe sobre nosotros y digo que le ofrecemos la posibilidad, no porque Él no la tenga, sino porque, al menos yo, en muchos momentos se la he dificultado o incluso neutralizado.

Doy gracias a Dios por haberme empujado a recibir esta gracia suya tan especial y sobre todo por no habérsela obstaculizado ni neutralizado esta vez. La pena es que hayan sido solo dos días, pero suficientes como para que, a partir de ahora, con su ayuda, como siempre, busque y aproveche las muchas gracias más que Él sigue derramando y repartiendo, en todos aquellos que se abren a la acción de su Espíritu.