Domingo 16 de julio

16.07.23

Domingo 15º del T.O.

ALGO NUEVO ESTÁ NACIENDO

La primavera con sus lluvias y su sol fecunda los campos y hace germinar de nuevo a la tierra (Is 55,10). Un fenómeno parecido se repite en el orden espiritual. La palabra de Dios germina en los corazones y da frutos de novedad primaveral y de divina belleza.

En medio de tanta corrupción y muerte, que encontramos en el mundo, el plan definitivo de Dios es un plan de vida nueva y de primaveral renovación. Por Cristo van a nacer hijos de Dios y hombres nuevos y una tierra nueva y unos cielos nuevos con la redención de nuestros cuerpos (Rm 8,23). La meta final de Dios es maravillosamente nueva. Ahora, la creación entera está gimiendo con dolores de parto (Rm 8,22), pero éste no es su estado definitivo. Es Dios el que sabe utilizar el dolor, la enfermedad y la muerte para que nazca la fascinante y primaveral creación nueva y permanente. Estamos ya naciendo a la libertad gloriosa de los hijos de Dios (Rm 8,21) mediante una transformación dolorosa y purificadora, donde vida y muerte aún se entremezclan hasta que triunfe la vida de Dios en nosotros.

La palabra de Dios es como una misteriosa semilla en nosotros; muere para dar frutos nuevos. Si la semilla no muere sepultada en tierra, no dará frutos ni nacerá una planta nueva. Pero ya «salió a sembrar el sembrador» (Mt 13,3); Cristo mismo está sembrando su Palabra de vida en nosotros, y su palabra nos fecunda y nos hace germinar espiritualmente. Siempre algo nuevo nace por obra y gracia del Espíritu Santo en el seno de la Iglesia, como antes nació en el seno de María. Pero cuando algo nace, pueden oírse los gemidos del parto y del alumbramiento nuevos. Nuestros gemidos, asociados a los de Cristo, serán fecundos con la fecundidad de Cristo en Dios.

María, Madre de Jesús, intercede para que también en nosotros germine la novedad de vida de Jesús. y Tú, Señor Jesús, haznos tierra buena que dé frutos abundantes de fecundidad espiritual y de vida eterna. No permitas que seamos desérticamente viejos y espiritualmente estériles, sino más bien haznos florecientes y fecundos hasta que entremos en la libertad gloriosa de los hijos de Dios (Rm 8,21) en la eternidad bienaventurada. Amén.

El Pan de la Palabra dánosle hoy” Ciclo A – Ceferino Santos S.J.