Domingo 16º del T.O.
EN LA ONDA DE DIOS
Los pensamientos y los planes de Dios son diferentes y están muy por encima de los pensamientos y de los planes de los hombres (Is 55,9). Para aproximarnos al pensamiento de Dios y estar en sintonía con él, necesitamos las orientaciones y criterios de su Palabra viva y el discernimiento luminoso de su Espíritu.
La Palabra de Dios nos pone en sintonía con la onda de Dios y nos acerca a su modo de pensar y de actuar. Se nos dice en el libro de la Sabiduría: «Tú cuidas de todo, para demostrar que no juzgas injustamente» (Sb 12,15). Pero vienen el maligno y nuestra mente extraviada a confundirnos, a presentamos dudas y a crearnos inseguridad en la confianza y en la fe en el Señor: «Si Dios cuida de todo, ¿por qué sufren los inocentes y está muriendo esta niña? ¿Por qué se sufre tanto, si Dios no es injusto?». Y nos quedamos mudos ante el misterio del mal y ante el sufrimiento de los inocentes, sin saber si es más amor de Dios el llevarse o el dejar aquí para su perdición futura al ahora inocente, y sin comprender el sufrimiento expiatorio de los plenamente inocentes y santos, Cristo y María, que padecen por los pecadores, y el sufrimiento y el dolor del Cuerpo místico de Cristo donde justos y pecadores sufren y se inmolan por la salvación de los hombres. En los planes de Dios el sufrimiento corredentor es necesario: «completo en mi cuerpo lo que falta a la pasión de Cristo, a favor de su Cuerpo, que es la Iglesia» (Col 1,24). No es fácil estar en la onda de Dios ante el sufrimiento y la muerte.
Tampoco resulta fácil sintonizar con Dios cuando le pedimos algo, pues «no sabemos pedir lo que nos conviene» (Rm 8,26a). Tenemos que dejar que nos guíe el Espíritu de Dios y que interceda por nosotros con gemidos inenarrables (Rm 8,26b), mientras nos unimos a su intercesión y a sus peticiones ignoradas por nosotros con el susurro ininteligible de la oración en lenguas para que la voluntad y los planes de Dios se realicen en la tierra.
No será fácil con nuestras luces humanas, que son tinieblas y sombras ante la luz de Dios, entender por qué Él permite que se pierda tanta semilla de su Palabra y deja que el diablo siembre cizaña entre la cosecha buena (Mt 13,25.27.38). No entendemos por qué crecen los «corruptores y malvados» (Mt 13,41) y se hacen libremente partidarios del maligno» (Mt 13,38) para combatir la Palabra y luego ser «arrojados al horno encendido» (Mt 13,42) y al lugar del tormento. Sólo con oídos interiores que capten la onda de Dios, entenderemos algo del profundo misterio de Dios y de nuestras vidas.
Padre: muéstranos tu sabiduría y tus caminos. Danos la luz de tu Espíritu y el discernimiento necesario para comprenderte mejor a Ti, a tu Hijo, nuestra Palabra de vida eterna, y a tus planes de salvación para el mundo.
El Pan de la Palabra dánosle hoy” Ciclo A – Ceferino Santos S.J.