Viernes 27 de octubre

27.10.23

Viernes de la 29ª Semana

MANTENED LA UNIDAD DEL ESPÍRITU

La unidad del Espíritu Santo es un grande y deseable don que transforma nuestras vidas. El campo de la unidad y de la paz de Dios es amplísimo y abarca muchos aspectos.

Hemos de buscar, en primer lugar, la unidad y la paz con Dios. Tenemos que convertirnos de corazón al Dios omnipotente, si es que sabemos «interpretar el tiempo presente» (Lc 12,56) y las señales de esta hora urgente de conversión a Dios y de unión amorosa con Él. El que está en unidad con el Padre, pasa a vivir la unidad amorosa, sumisa y obediente con el Hijo y con el Espíritu Santo y con sus mociones interiores.

Hemos de desear, buscar y pedir la unidad y la paz dentro de nosotros mismos. En nosotros se da la división entre nuestros bajos instintos (Rm 7,18) y la ley del pecado que lleva, a la muerte (Rm 7,23), y entre los deseos del bien y la ley de Dios, que nuestra razón aprueba (Rm 7,23). En medio de este enfrentamiento íntimo, solos no podemos reconstruir la armonía, la unidad y la paz interior; pero con Dios sí se puede realizar ese milagro de unificación por medio de Jesucristo Señor nuestro (Rm 7,24).

Hemos de buscar la reconciliación y la unidad con nuestros enemigos: «Haz lo posible por llegar a un acuerdo con el que te pone pleito, no sea que te arrastre ante el juez… y el guardia te meta en la cárcel» (Lc 12,58). Si perdonamos al adversario, seremos perdonados y viviremos en paz. Tampoco podemos olvidar la unidad solidaria con los pobres, los ancianos, los enfermos y los desvalidos de este mundo, no contentándonos sólo con las declaraciones de una opción preferencial por los pobres, sino llegando a la toma de decisiones que afecten a nuestras cuentas corrientes y a nuestro tiempo, empleado en el servicio social y en el voluntariado. Se necesita un movimiento mundial de unión efectiva con un tercer mundo adeudado y en ruinas.

Espíritu Santo de Dios: aleja de nosotros el nefasto espíritu de división y de discordia; ayúdanos a mantener la unidad que de Ti viene, hasta que formemos la maravillosa Iglesia una, santa, unificada en la fe y en el amor, por la que murió Cristo. Amén.

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.