Jueves 28 de diciembre

28.12.23

Los Santos Inocentes

SI NO OS HACÉIS COMO NIÑOS

El Hijo de Dios, Jesús, haciéndose él mismo niño, santifica la infancia y asume en sí a los niños de todos los pueblos y de todas las edades. En Él y por Él todos los niños pueden quedar bendecidos, sanados y justificados ante Dios como imágenes vivas de Jesús infante.

Los niños son para todos modelo de inocencia y humilde sencillez. Los mayores sin humildad y sin inocencia no pueden agradar a Dios. Por eso, Cristo pudo decir: «Si no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los cielos’: (Mt 18,3). El niño carece de pecados personales desde su inocencia en su tierna infancia. De nosotros los mayores, no se puede decir lo mismo: «Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y no somos sinceros» (1 Jn 1,8). Pero podemos recuperar la inocencia en Cristo: «Si confesamos nuestros pecados, entonces Cristo, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos lavará los delitos» (1 Jn 1,9). «Él es propiciación por nuestros pecados y los del mundo entero» (1 Jn 1,9).

Todos hemos de hacernos como niños, renaciendo como hijos de Dios por el agua y el Espíritu Santo (Jn 3,5) para así poder entrar en el reino de los cielos. Necesitamos el nacimiento segundo en el Espíritu para ser hijos de Dios por el bautismo, que es el baño de la regeneración y la renovación (Tt 3,5) en el Espíritu Santo. Los bautizados en el Espíritu son los regenerados o «nacidos de nuevo». Aún muchos tienen que nacer de nuevo.

El martirio por causa de Cristo es también como un nuevo nacimiento de los que renacen de la sangre de Cristo, de su propia sangre y del Espíritu Santo. Se le llama un segundo bautismo, y aunque los niños abortados no aceptan libremente este segundo bautismo de sangre, pueden ser equiparados a los que son bautizados con agua en sus primeros días y a los mártires inocentes, inmolados por Herodes en Belén (Mt 2,16), pero que la Iglesia considera justificados y santos. Los inocentes de Belén fueron hechos hijos de Dios por el bautismo de sangre. ¿No puede seguir existiendo hoy este bautismo de sangre para los inocentes abortados? El mártir adulto es acogido también, como un niño indefenso, en los brazos de Dios, su Padre, limpio y santificado por su propia sangre y la de Cristo.

¡Dichosos los que pierden sus vidas por Jesús; su recompensa será grande en los Cielos!

¡Dichosa la santa Iglesia de Cristo, Madre fecunda de mártires en todos los siglos!

¡Dichosos mártires de todos los tiempos: hacednos testigos valientes y sacrificados de Jesús! Amén.

“El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.