Martes de la 5ª Semana
MARÍA, LUGAR DE PLEGARIA
«El que no cabe en el cielo ni en lo más alto del cielo» (1 R 8,27), quiso habitar en el seno inmaculado de María Virgen. María fue el nuevo templo de Dios, más maravilloso que el primero que construyó el rey Salomón con todas sus riquezas. «Día y noche están abiertos los ojos del Señor sobre este Templo» vivo de María, donde «quiso que residiera su Nombre» (1 R 8,29) y su Hijo bien amado, Jesús.
La devoción a este nuevo templo, donde Dios quiso morar hace que «Dios escuche la oración que sus siervos le dirigen en este sitio» (1 R 8,30), tan bendecido que es María, ya sea desde un lugar concreto como Lourdes o en cualquier otro punto geográfico, porque son el Señor y María los que santifican un sitio determinado y no el lugar a ellos.
La vida sobrenatural de Dios y de la gracia embellecen a María y la asemejan a Dios. Ante esta vida divina, la vida natural, maravilla de las manos de Dios es una pobre imagen suya.
Nadie ha tenido tanta vida divina en su alma y en su seno como María la Madre del Hijo de Dios. Ésta es la verdadera vida: tener en nosotros vida a imagen de Dios y participar de su vida en nosotros por la gracia. Sería triste que los ritos, fórmulas y tradiciones humanas se antepusieran en nosotros a la vida sobrenatural de la gracia. Y sería terrible para los hombres «dejar de lado los mandamientos de Dios, para aferrarnos a la tradición de los hombres» (Mc 7,8). Nuestro corazón tiene que estar cerca de Dios y ha de ser un lugar de plegaria y de presencia de Dios en nosotros.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.