Lunes 5ª Semana de Cuaresma
HAS VENIDO A SALVAR
Jesús ha venido a salvar a justos y a pecadores. Es verdad que el justo puede ser perseguido en este mundo, calumniado y condenado, como le sucedió a Susana, cuando eligió ser fiel a Dios y a su esposo frente a los dos adúlteros jueces ancianos que quisieron cohabitar con ella (Dn 13,36-41). Dios utiliza al joven Daniel, que significa «Dios es juez», en un hábil interrogatorio por separado de los dos jueces ancianos, para probar la inocencia de Susana. «No matarás al inocente ni al justo» (Dn 13,53), había mandado el Señor. Susana fue absuelta y los jueces condenados, porque «Dios salva a los que esperan en Él» (Dn 13,60).
Jesús es el justo Juez, que libera al inocente de las manos de los impíos y sabe compadecerse de sus hermanos perseguidos y condenados, pues Él mismo, siendo el Santo de Dios, aceptó ser condenado en los tribunales civiles y religiosos de Jerusalén y llevado a la muerte para implantar la justicia y la santidad de Dios entre los hombres.
Jesús sabe también compadecerse de los pecadores, que se arrepienten y se duelen de sus pecados. Él ha venido «a quitar el pecado del mundo» (Jn 1,29). A la mujer, sorprendida en adulterio (Jn 8,3) y que va a ser apedreada según la ley de Moisés, Cristo la acoge con misericordia, con piedad y con perdón generoso. Contra esa mujer pecadora y arrepentida, sólo puede «tirar la primera piedra, el que esté sin pecado» (Jn 8,7). Los ancianos acusadores se marchan uno tras otro (Jn 8,9) ante Cristo, que lee los secretos de los corazones. La misericordia y la santidad de Cristo alcanzaron a la mujer acusada: ‘Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más» (Jn 8,11).
¡Qué hermoso es recibir el perdón misericordioso de Jesús! Jesús no quiere condenar a nadie (Jn 8,15); Él quiere absolvernos y perdonarnos. Con el humilde arrepentimiento de esta mujer nos quedamos, frente a frente, solos con Cristo, juez compasivo y santo. Él es nuestro único Salvador, el único plenamente justo. ¡Que por su misericordia y su perdón sea bendito por los siglos!
«No desconfiéis nunca de mi perdón. Yo he muerto por salvaros. Acogeos cada día con humildad a mi misericordia, que pende de la Cruz. Allí intercedí ante mi Padre por vosotros: «Padre, perdónalos, que no saben lo que hacen». «Sentíos perdonados y salvados en Mí»
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.