Lunes 22 de abril

22.04.24

Lunes 4ª Semana de Pascua

ACCESO AL PADRE

Entramos en el misterio de la Divinidad y del Padre por la puerta que es Cristo: «Yo soy la puerta; el que entre por mí, estará seguro y se salvará» (Jn 10,7). Gracias a la puerta, que es Cristo, unos y otros tenemos acceso al Padre en un mismo Espíritu (Ef 2,18). Los hombres de todas las generaciones para salvarse y llegar al Padre han de pasar por la puerta de Cristo. Y Dios, que es misericordioso, quiere comunicarse con todos los hombres a través de la puerta de salvación que es Cristo.

Pablo y Bernabé «les contaron a los judíos lo que Dios había hecho con ellos y cómo había abierto a los paganos la puerta de la fe» (Hch 14,27). Por la fe en Cristo tenemos entrada franca al misterio de Dios en un único Espíritu. Por medio del Espíritu de Dios, nosotros los pecadores creyentes y arrepentidos, entramos ante la presencia del Señor. La fe es como la llave que desbloquea los cerrojos, y el que mueve esa llave como guardián es el Espíritu de Dios. Al que quiere entrar por la puerta de Cristo, «a éste el guarda le abre» (Jn 10,3). Por medio del Espíritu cruzamos la puerta de Cristo y tenemos acceso a la divinidad.

Fue el Espíritu de Dios el que les abrió la puerta de Cristo a los gentiles y a los incircuncisos, a Cornelio y a su familia, cuando, al empezar Pedro a anunciarles a Jesús, «les cayó encima el Espíritu Santo» (Hch 11,15) y, bautizados por el Espíritu antes que por el agua, comenzaron a vivir la vida abundante de los hijos de Dios (Jn 10,10b).

Líbranos, Señor, de entrar por las puertas engañosas que conducen al abismo. Líbranos de los falsos pastores, que no usan la puerta salvadora de la fe en Cristo Jesús y saltan por otro lado como los ladrones, para robar y matar y hacer estrago (Jn 10,10a). Que tu Santo Espíritu nos guíe por las entradas y salidas de tu puerta para que vivamos de tu abundancia y, al salir al mundo, sepamos repartirla a los demás. Que en la oración escuchemos tu voz y que con la oración como llave sepamos abrir la puerta de tu divinidad inagotable.

«Venid a Mí todos, que Yo soy vuestra puerta de la vida. Venid los incircuncisos, que Yo os introduciré en mi redil y en mi Iglesia como a los circuncisos de corazón y de alma. Venid a Mí los impuros, que Yo os haré limpios. Venid a Mí los hambrientos y encontraréis pastos abundantes. Venid a Mí los cansados y encontraréis alivio. Venid a Mí. En Mí encontraréis todos la salvación de Dios».

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.