Domingo de Pentecostés
PENTECOSTÉS ES…
Pentecostés es el triunfo del Espíritu de Dios en medio de los hombres. Pentecostés incluye una llamada para comenzar a moverse guiados por el Espíritu Santo en la oración: «empezaron a hablar en lenguas extranjeras… que el Espíritu les sugería» (Hch 2,4b) y a orar con palabras inenarrables. Pentecostés exige actuar guiados por el Espíritu Santo en las obras y servicios hechos a favor del pueblo de Dios: «Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de servicios, pero un solo Señor» (1 Co 12,4-5). Sin la acción del Espíritu Santo, no podemos decir con la vida que Jesús es el Señor (1 Co 12,3) ni vivir su señorío sobre nosotros, ni anunciar y evangelizar a Jesús.
Pentecostés es dar testimonio de Jesús con el Espíritu de verdad que procede del Padre (Jn 15,26-27). Pentecostés es escuchar al Espíritu de verdad que nos guía hasta la verdad completa de Cristo y que no habla por su cuenta, sino que habla lo que oye y nos anuncia lo que ha de venir (Jn 16,13).
Pentecostés es ser conducidos por el Espíritu (Ga 5,18) hasta que mueran las obras de la carne y florezcan los frutos del Espíritu: el amor, la alegría, la paz, la paciencia, la afabilidad, la bondad, la fidelidad, la mansedumbre y el dominio de sí (Ga 5,22-23).
Pentecostés es la gran fiesta de la unidad eclesial. El Espíritu congrega a los que estaban dispersos. Al impulso y ante el ruido del viento del Espíritu todos acudimos (Hch 2,6) en masa y todos oímos un mensaje idéntico en nuestro propio idioma (Hch 2,8). María, la Madre de Jesús, los apóstoles, los discípulos, los nativos y los forasteros, todos oyen hablar en sus propias lenguas las maravillas de Dios (Hch 2,11). Todos reciben el mismo mensaje, la misma vida del Espíritu de Dios y la misma unión entre ellos frente a los enfrentamientos y las rupturas propias de Babel. Pentecostés congrega en la unidad y en la paz, en la fortaleza y en el amor.
¡Ven, Espíritu Santo, a nosotros en un nuevo Pentecostés! Que tu Espíritu poderoso venga en ayuda de nuestra debilidad y que sepamos cuál es el deseo de tu Espíritu y cómo tenemos que evangelizar con su ayuda en este nuevo Pentecostés.
«¡Qué bella es para Mí la Iglesia del Espíritu, derramado sobre los hombres para que vivan la novedad de vida de los hijos nacidos de Dios! ¡Qué bellas son las velas de la Iglesia, henchidas por el viento del Espíritu, para que los hombres puedan llegar y alcanzar el Reino de mi Padre! ¡Qué hermosas son vuestras vidas cuando mi Espíritu os ha trasformado en hijos del Padre y en templos de mi gloria! Recibid mi Espíritu Santo. Llenaos de mi Espíritu de amor».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.