Crónica XXX Asamblea Nacional RCCE 2008

1.05.13

XXX ASAMBLEA NACIONAL

¿Quién es este que hasta el viento y el mar le obedecen? (Mt 8, 27)

Patricia Cabañero

Mañana soleada en Madrid. Viernes, 4 de julio. Hay una extraña inquietud en mi corazón que me llena de alegría mientras me dirijo al Parque de Atracciones. Son las 9 am y a pesar de una suspensión estimada de dos horas en la línea 10 de metro, consigo llegar —con una alegría que va en aumento— a Casa de Campo para caminar desde allí al Parque.

Una vez dentro del recinto por fin me encuentro delante del auditorio. Expectante. Faltan cinco minutos para las 10 am, hora programada para el inicio de nuestra alabanza. El gran cartel que hay en la puerta del auditorio me recuerda el lema: ¿Quién es Éste que hasta los vientos y el mar le obedecen? (Mt 8, 27b) Comienzan a llegar personas de diferentes lugares, unas conocidas, otras desconocidas, los jóvenes, los ancianos, los niños, los adultos… todos derrochando miradas cómplices de apoyo y bienvenida frente a la realidad del amor de Dios. Un pueblo de Dios unido en Cristo. Todo parece comenzar a vestirse de fiesta y bienvenida para cada uno de los grupos provenientes de las diferentes partes de la geografía española.

Llega el entusiasmo, la alegría. Y así, comienza una alabanza dirigida y guiada por el Ministerio Nacional…ungida con el poder del Espíritu y la delicadeza de la Virgen María…

Con gran alegría se da paso al saludo y presentación de la Asamblea, recordando, de una manera especial, a dos sacerdotes recientemente fallecidos: Ceferino Santos y Serafín Gancedo. Unidos a ellos y a otros hermanos intercesores ya en el cielo, nos disponemos a adentrarnos en esta 30ª asamblea Nacional, confiados en que el Señor la convertirá en un encuentro real con Él, un encuentro sanador, renovador y profundo en nuestro caminar en la madurez y compromiso con la Iglesia.

Y así, llega el momento de presentar a la predicadora, Michelle Morán. Con seguridad, paso firme y una gran humildad, se pone de pie en el escenario. Es natural de Leeds, al norte de Inglaterra, parece comunicar paz y sabiduría. Se convirtió a Jesús y fue bautizada en el Espíritu Santo a los 16 años. Ha vivido toda su vida cristiana en la Renovación. Michelle enseñó durante cinco años en una facultad en Londres antes de ser llamada en 1985, junto con Peter, su marido, a ser miembros fundadores de la Comunidad Católica Sión para la Evangelización. Durante los últimos diecinueve años Michelle ha sido una gran evangelizadora. Es presidenta del Subcomité europeo de ICCRS (además de consejera), es la directora de Ministerios de la Comunidad de Sión, miembro de la Coordinadora Nacional de Inglaterra y administradora de varias sociedades benéficas comprometidas en la evangelización y en la misión. Habla inglés, pero gracias a su traductora, su palabra llega a todos los presentes.

2008-2Antes de dar paso a la enseñanza, todos oran por ella. Con gran naturalidad y sencillez nos confiesa que no ha tenido mucho tiempo para ver Madrid, pero lo poco que ha visitado, le gusta mucho. Comparte con nosotros que el día anterior visitó la Catedral y sintió que el Señor le decía algo para esta asamblea: «Quiero visitaros con Poder».

Insiste mucho en que para ello, necesitamos estar muy abiertos, por eso, antes de nada, nos invita a levantarnos y juntos, hacer una oración personal, en voz alta, pidiendo al Señor la gracia de esa apertura que nos capacita para recibirle.

Primeramente, Michelle nos sitúa en el contexto del lema de la Asamblea. El Evangelio de Mateo viene después del Sermón de la montaña. Nos habla de cómo hemos de vivir el Reino de Dios. Al inicio del capítulo ocho, nos habla de los diez milagros, de una demostración del Reino. A mitad de estos relatos, Jesús nos anima y habla para convertirnos en discípulos. «Hoy el Señor quiere ayudarnos a crecer como discípulos », asegura Michelle. Nuestra llamada es a crecer, pasando de seguidores a discípulos de Jesús.

De una manera muy particular, Michelle se dirige a los jóvenes de la Asamblea, insistiéndoles en esa llamada que nos anima a seguir creciendo en esta carrera de la fe. Asegura que el Señor nos da a los jóvenes la gracia especial del compromiso. Nos anima a continuar diciendo «Sí» al Señor en nuestra vida diaria. No importa el tiempo que uno lleve en la Renovación Carismática, según Michelle, a cada uno de nosotros ha de importarnos si hemos sido renovados HOY. Estamos llamados a ser un pueblo dinámico que continúa avanzando, puesto que seguir a Jesús es una invitación a ser un peregrino, un pueblo que camina hacia delante.

Al igual que Jesús —el Hijo del hombre— no tenía donde reclinar la cabeza, nosotros hemos de ser un pueblo capaz de decir «Sí» a la próxima invitación. Ser discípulo es poner a Jesús primero, desear que nuestro corazón y nuestra mente sean transformados en el corazón y en la mente del Maestro. Es importante, según Michelle, preguntarnos: ¿Cómo me invita Jesús a ser su discípulo? ¿Cuál es el paso más profundo que Él me pide que dé? ¿Cuáles son las áreas u obstáculos que impiden convertirme en el discípulo que Dios quiere que sea? …El seguidor va con la multitud. El discípulo se queda con Jesús en las dificultades. El seguidor va detrás de Jesús preguntándose qué puede obtener de Él. El verdadero discípulo recibe para dar a otros. Es bendecido por el Señor para bendecir a otros. No vive para sí mismo, sino para otros.

Hemos de pedir la gracia para el verdadero discipulado. Unas de las gracias de la Renovación Carismática Católica es que por medio del Espíritu Santo somos capaces de llegar a una relación personal con Jesús.

Pero al igual que Pedro, necesitamos estar siempre abiertos a quién es Jesús, que va mucho más allá de nuestra mente y nuestro corazón. Tenemos que creer en un Jesús mucho más grande. Hemos de estar abiertos a un encuentro mucho más profundo. Juan Pablo II, al inicio de este nuevo milenio, ya nos animaba a contemplar a Jesús en la Escritura. Hemos de sumergirnos en las escrituras para mantener nuestra espada de la Palabra afilada. Michelle insiste en la vital importancia de la Palabra de Dios y los Sacramentos. Ella pide una nueva Gracia, para que seamos un Pueblo que realmente vive en esta Palabra viva y está abierto a los Sacramentos.

Volviendo al lema: «¿Quién es Éste que hasta el viento y el mar le obedecen…?» ¿Quién es Éste?… El mesías prometido. La Buena Noticia que creemos es lo que nos anuncia Juan 3, 16: «Tanto amó Dios al mundo que envió a su único Hijo…» Ésta es la Buena Noticia. Que Dios, nuestro Padre, ha entrado en una nueva alianza con su pueblo: «si guardas mi ley, Yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo». En Romanos 26, se nos dice que el precio del pecado es la muerte, pero el don gratuito de Dios es Jesucristo. Él ha pagado el precio porque nos ama. Nos ha salvado de una muerte eterna.

Hoy vivimos una vida nueva en Jesucristo a través del Espíritu Santo. «Yo sé —dice Michelle— que vosotros, los carismáticos, sabéis esto, pero quiero que abráis vuestro corazón a la nueva vida en Cristo. Quiero que viváis lo que San Pablo dice que sucede en nuestro bautismo en Gálatas 2, 20: «He sido crucificado con Cristo y ahora vivo, no mi propia vida, sino la vida de Cristo en mí».

Esto es lo que todo cristiano está llamado a vivir. En la RCC tenemos quizá una gracia especial. Pero para vivir esto, hemos de estar abiertos, los dones de Dios no son trofeos que uno se apropia y expone en una mesa o en una vitrina; tienen que estar en nuestro corazón avivando la llama y compartirlos con el mundo y por el mundo. Dios quiere bendecirnos de manera personal, no general. Quiere capacitarnos con Poder.

En la vida del cristiano, hemos de llegar a este lugar de fe, a estar abiertos a los que Dios quiere darnos. Para ello, tenemos que ir a la Cruz y con fe, entregarnos, y apropiarnos, acoger, los dones que Jesús nos da como un regalo: aceptamos lo rotos que estamos, reconocemos toda nuestra pobreza pero Dios es nuestra grandeza. Es importante mirar la Cruz y decirle: «Señor te doy mi pecado. Te doy mi pecado. Te doy mi pecado. Necesito dejarlo ahí para ser libre. Dame tu Verdad». Así recibo la Santidad del Señor: yendo a la cruz, dándole al señor mi debilidad y recibiendo su fuerza.

Después de un breve descanso, de nuevo suenan los instrumentos musicales y sus notas se dispersan por todo el auditorio… llega el Señor. Tenemos un tiempo precioso de adoración. Ante Jesús, de repente un perfecto silencio. Un silencio transformador, reparador, en el que el Espíritu Santo nos va transformando cada vez más en imagen del Maestro. Nos hace interiorizar todo lo que hemos escuchado y darle vida, nos da testimonio de la verdad y nos hace ver la voluntad de Dios.

Y por la tarde… los seminarios. Este año, las enseñanzas de la tarde se han organizado en seminarios: uno de Iniciación, impartido por la Comunidad Tabor; otro de Evangelización, impartido por Michelle; y otro especialmente dirigido a los Jóvenes, impartido por Flavinho, un miembro de la comunidad Cançón Nova de Brasil. Todos los jóvenes duermen en el mismo lugar y conviven estos días como pueblo joven en comunión con Cristo.

Seminario de Jóvenes

2008-4En el seminario de Jóvenes, Flavinho comienza orando por todos. Tiene una visión: una Roca muy grande y a Jesús caminando por ella. Él tocaba la roca con su mano llagada y en cada hoyo, ponía un joven. Confirma, por medio de esta visión, que a partir de hoy, una nueva juventud va a nacer en este país. «Sueñen con tener una familia cristiana consolidada en Dios», nos dice.

A partir del lema de la Asamblea, él nos propone compartir este tema: Flp 3, 1: Lo que quiero es conocer a Cristo. Nos invita a la experiencia. A plantearnos tres preguntas importantes:

1. ¿Quién es Cristo para mí? Nos habla de la belleza y la sensualidad. Nos recuerda lo que Juan Pablo II decía: «Si los jóvenes fueran aquello que Dios quiere, si supieran lo que Dios piensa y siente por ellos, incendiarían el mundo».

2. ¿Por qué sigo a Cristo? ¿Por qué estoy aquí? Nos invita a ser una juventud santa que ama a Dios y sigue a Cristo, capaz de decir que sigue a Cristo porque es un Dios Vivo, porque hemos tenido un encuentro personal con Dios.

3. ¿Por qué amo a Cristo? Nos invita a vivir para agradar a Dios, siguiendo a la Iglesia. Nos invita a mostrar la diferencia de ser cristianos.

También nos invita a la apertura, aclarando que el cambio de nuestro corazón depende de nuestra libertad. Como ejemplo, nos pone la conversión de San Pablo (Hch 9) y Zaqueo. A los dos los levanta, hace de ellos hombres nuevos. Al terminar el seminario tres jóvenes dan testimonio de cómo su vida ha sido cambiada, restaurada y transformada por Jesús.

Seminario de Evangelización

En el seminario de Evangelización, impartido por Michelle, recorrimos un camino por varios modelos de evangelización: el de ser enviado, el de comunidad, el de ser llamados por Dios para una misión especial… Necesitamos pasar tiempo con el Señor para ver dónde nos envía. Es importante estar abiertos a una conversión continua. Nadie puede evangelizar si no ha sido evangelizado previamente. El segundo paso es evangelizar desde nuestra pobreza: no somos expertos, sino peregrinos y queremos compartir lo bueno que el Señor ha hecho con cada uno de nosotros.

Nos anima a entregar los dones al Señor y ponerlos a su servicio. A proclamar el evangelio a través del testimonio de vida. Un área en el que según Michelle, tenemos que ser sensibles, es en las familias. Deja claro que es el Espíritu Santo quien evangeliza: Pablo VI nos recuerda esto: «Las técnicas de evangelización son buenas, pero nada puede reemplazar el fuerte poder y la evangelización del Espíritu Santo». Nosotros somos templos. Canales. Y toda la Gloria es del Señor.

 Seminario de iniciación

Este seminario lo condujeron los hermanos de la Comunidad Tabor, de Aranjuez. En él tras unos momentos de oración compartida, se hizo un anuncio kerigmático, un recorrido de la historia de Salvación que nuestro Padre Dios nos ha regalado a todos nosotros como su pueblo, y a cada uno de nosotros como sus preciosos hijos amados. A través de sencillas enseñanzas y testimonios personales nos fuimos introduciendo en el Gran Amor de Dios. Su Amor es un regalo para cada instante de nuestra vida terrena y para toda la eternidad. Él no puede dejar nunca de amarnos porque no participa, como nosotros, del atributo de elegir.

No nos pide que movamos montañas o que superemos pruebas imposibles. Ni siquiera que nos comportemos de una determinada manera. Sólo nos pide una cosa: CREER. Este Amor pudimos experimentarlo a través de las palabras de los hermanos, pero sobre todo, a través de las oraciones de intercesión que cuatro hermanas llevaron durante todo el seminario, y de la confesión de los sacerdotes que allí se encontraban. Para finalizar tuvimos la Efusión del Espíritu en la que nuestro Buen Padre Dios, volvió a llenar nuestros corazones de su Gracia, de su Presencia y de su Infinito Amor.

El día termina con la Eucaristía, en la que el Señor nos decía: «En esta noche te digo: Tú eres mi hijo, el que salió de mí, de mis manos; al que crié con ternura y amor. Miro tu corazón, yo lo volveré a restaurar. No importa lo que hayas hecho, Yo volveré a poner mi sello en ti y vendrás a postrarte ante mí, porque en mi presencia todo es paz y deseo abrazarte, mi hijo, mi hija. Yo te espero».

…Y llega el sábado

Comienzan las laudes y la alabanza a las 9,30. Todo comienza a vibrar con la música del Ministerio Nacional de Alabanza, con casi 30 personas en el escenario… El Espíritu Santo comienza a hacerse presente… palmas, vítores, alabanzas… el Señor habló a su pueblo diciendo: «Israel, desde el vientre te conocí, y te amé desde siempre. Yo te busco, busco tu rostro porque ante mis ojos eres bello. ¡Cómo me gusta escuchar tu voz! ¡En ti pongo mis delicias y mi gracia te cubre! ¡Oh, mi pueblo, gózate en mi presencia!» «Hijo mío, hija mía, ¿por qué tratas tú solo de enfrentarte al mundo, a tu desierto, a tus problemas? ¿No me ves a tu lado? Pídeme hoy el don de creer, contra toda esperanza, contra toda circunstancia. Mi Espíritu te regalo hoy para darte una confianza sin límites, para esperar sin límites Yo el Señor lo digo y lo hago».

A las 10,30 h. Michelle comienza a predicar. Ayer vimos el lema de la Asamblea. En la primera parte nos preguntábamos ¿Quién es Jesús? Y había una llamada a abrirnos y profundizar en nuestra vida. Hoy nos fijamos en la segunda parte del lema: «Hasta el viento y el mar le obedecen». Ante cualquier tormenta de mi vida, ¿cómo respondo?, ¿cómo reacciono?

A veces nos apartamos del Señor, pero Él nunca nos abandona. Otras veces, nosotros mismos intentamos mantener el control. Jesús en medio de la tormenta les pregunta algo muy importante: «¿Por qué tenéis miedo?…» Es una pregunta importante para la Iglesia: a veces, en lugar de mirar los desafíos con fe, los afrontamos con miedo. Jesús nos dice: «Tened ánimo, confiad en mí y recibid un don más profundo de fe». Todos los desafíos son invitaciones para profundizar en nuestra vida de fe.

En la RCC el Señor nos ha dado una llamada especial profética, y para responder a esta llamada espiritual hemos de ver los signos de los tiempos, para movernos a donde el Espíritu Santo quiere. La Iglesia nos ayuda a ser un pueblo profético.

En Lucas 5, Jesús le dice a Pedro: Rema mar adentro pero Pedro responde humanamente: Maestro, hemos estado pescando toda la noche y no hemos alcanzado nada. Y luego dice en fe algo muy importante: pero puesto que Tú lo dices, echaré las redes. Pedro da este paso en fe, y la pesca es todo un éxito.

2008-6Dios nos llama a ser valientes: No a actuar desde nuestra lógica humana, natural, sino a actuar en fe. Dios puede hacer milagros, lo imposible, puede cambiarlo todo, pero necesita que confiemos, creamos y actuemos según Él, para que esto sea una realidad en este mundo. A veces, las dificultades de nuestra vida nos hacen sentirnos abandonados y perdemos la fe. En las circunstancias más difíciles de la vida, tenemos que permanecer en fe, y aunque todo se derrumbe, decir: «Pero Dios aún es Dios».

Hoy en día, agarrarnos a esta frase es importante, porque si miramos a la sociedad, vemos muchas cosas que van en contra del Evangelio. Al ver esto, tenemos que tomar una elección: cerrar los ojos y escondernos en el grupo de oración, no cambiará nada. Necesitamos despertarnos y ver la realidad de lo que nos rodea: la Esperanza del Evangelio no nos fallará. En España estamos experimentando una fuerte secularización y como cristianos católicos, a veces nos sentimos aislados, pero el truco está en ver la realidad y responder en fe. Como cristianos tenemos que Enfrentarnos a la VERDAD, a la REALIDAD, para poder actuar en fe. Es importante ver la realidad y alabar al Señor desde la primera línea de batalla, desde la realidad. Necesitamos reclamar la virtud teológica de la esperanza (el Papa Benedicto XVI sabe que lo único que nos va a ayudar a seguir adelante es la Esperanza, por eso escribe Spe Salvi). Necesitamos esperar en las promesas de Dios en medio de esta cultura de muerte que recorre Europa. El Señor en Juan 10, 10 ya nos dijo: He venido para que tengáis vida en abundancia. Nos rodea una cultura de muerte, pero en Jesucristo, somos la cultura de Vida. Jesús es la Luz del mundo. Nosotros somos portadores de esa Luz.

El Catecismo (1817) nos dice que pongamos nuestra esperanza en Dios y oremos para que la esperanza del Evangelio nos llene y nos proteja. Dice que la Esperanza del Evangelio nos dará una visión para el futuro. Esto es importante, porque somos un pueblo que pone su mirada en el Cielo, donde sabemos que está nuestra Casa, pero tenemos los pies en la tierra, caminando con confianza. Tenemos que tener la mirada fija en el Señor.

En el documento Ecclesia in Europa, Juan Pablo II pone tres retos importantes para nosotros: «No tengáis miedo. Tened confianza en Jesús y tened seguridad porque el Evangelio no os fallará». Michelle nos invita a ser un pueblo que deja atrás el miedo y confía (no en uno mismo, sino en Jesucristo), porque Jesucristo es quien tiene la Verdad, la Victoria y ha conquistado el mundo, y nosotros, en Jesús, estamos también llamados a ser conquistadores. Con Tomás, el apóstol, hemos de decir: «Yo creo, Señor. Yo tengo fe. Pero por favor, Jesús, aumenta mi fe».

Michelle nos comparte que como presidenta del ICCRS su papel es de servicio, no de autoridad en el sentido de decirle a nadie lo que tiene que hacer. Autoridad es servicio. Es el lugar de comunicación con el Vaticano, necesario, puesto que nosotros no tenemos un fundador, puesto que el fundador es el Espíritu Santo. Ella quiere compartir con nosotros que la Iglesia mira a la RCC. Nos anima a ser un pueblo que sirve. Hemos sido muy bendecidos y hemos de compartir esas bendiciones con todo el mundo. Acabamos de cumplir 40 años en la RCC. Ella pone sus ojos en esa gracia que fue derramada en la RCC hace 40 años y ve la liberación del Antiguo Testamento. Ve como hace 40 años, la RCC empezó un gran trabajo de liberación en el poder del Espíritu Santo. Ella cree que ahora entramos en un tiempo nuevo para la

RCC, (hemos pasado un tiempo de formación, de pérdida…) en el que, como los israelitas, estamos cansados del camino, nos sentimos débiles en la fe, pero se nos ofrece la posibilidad de elegir, de decidir para cruzar el Jordán: hemos de cruzar al otro lado del Jordán para llegar a la tierra prometida. Cuando Josué vio lo que tenía delante, actuó en fe y no se fijó en las dificultades.

La Eucaristía se convierte en un momento especial de la mañana del sábado. Michelle ora, pidiendo una nueva efusión del Espíritu Santo. Y lo hace, primero, y de una manera especial, por todos los jóvenes, invitándonos a acercarnos al altar, como símbolo de querer servir al Señor y dejarnos transformar por Él. El Señor habló a los jóvenes diciendo: Sé valiente y firme, porque tú vas a dar a este pueblo la posesión del país que juré dar a sus padre. Sé valiente y muy firme, teniendo cuidado de cumplir toda la Ley que te dio mi siervo Moisés. No te apartes de ella ni a la derecha ni a la izquierda, para que tengas éxito dondequiera que vayas. No se aparte el libro de esta Ley de tus labios: medítalo día y noche; así procurarás obrar en todo conforme a lo que en él está escrito, y tendrás suerte y éxito en tus empresas. ¿No te he mandado que seas valiente y firme? No tengas miedo ni te acobardes, porque Yahveh tu Dios estará contigo dondequiera que vayas (Jos 1, 6-9).

Después oró por la asamblea. El Señor habló a la asamblea diciendo: Josué se levantó de mañana, partieron de Sittim y llegaron hasta el Jordán, él y todos los israelitas. Allí pernoctaron antes de pasar. Al cabo de tres días, los escribas pasaron por medio del campamento y dieron al pueblo esta orden: Cuando veáis el arca de la alianza de Yahveh vuestro Dios y a los sacerdotes levitas que la llevan, partiréis del sitio donde estáis e iréis tras ella, para que sepáis qué camino debéis de seguir, pues no habéis pasado nunca hasta ahora por este camino. Pero que haya entre vosotros y el arca una distancia de unos dos mil codos: no os acerquéis (Jos 3, 1-4).

Por último, Michelle oró por los sacerdotes, a quienes el Señor habló por medio de Jos 3, 14-ss: Cuando el pueblo levantó sus carpas para cruzar el Jordán, los sacerdotes que llevaban el Arca de la Alianza iban al frente de él. Apenas llegaron al Jordán y sus pies tocaron el borde de las aguas —el Jordán se desborda por sus dos orillas durante todo el tiempo de la cosecha— las aguas detuvieron su curso: las que venían de arriba se amontonaron a una gran distancia, cerca de Adam, la ciudad que está junto a Sartán; y las que bajaban hacia el mar de la Arabá —el mar de la Sal— quedaron completamente cortadas. Así el pueblo cruzó a la altura de Jericó. Los sacerdotes que llevaban el Arca de la Alianza del Señor permanecían inmóviles en medio del Jordán, sobre el suelo seco, mientras todo Israel iba pasando por el cauce seco, hasta que todo el pueblo terminó de cruzar el Jordán. Y a última hora de la tarde el Concierto-Oración

Los hermanos del Ministerio de Alabanza, después de los ensayos del mediodía, se preparan en los camerinos entre nervios y prisas de última hora. Todos juntos, detrás del escenario oran, junto con el Equipo Nacional, pidiendo al Señor que actúe de forma poderosa en la Asamblea y que sean instrumentos humildes, a la escucha de la Voluntad de Dios. Terminan la oración fundiéndose en un gran abrazo colectivo, algo así como un «grito de guerra». En el escenario, suenan las primeras notas con una música alegre que invita a la danza y a aclamar jubilosamente a nuestro Dios. Poco a poco, la música se torna más suave, ayudándonos a interiorizar la presencia de Aquél que nuestra alma desea… Comienza el canto del Aleluya que se repite, y se repite como un susurro del Espíritu Santo dentro de nosotros… «Gloria dad al Señor nuestro Rey…» Y parece que aquello no tiene fin: «Santo, Santo, eres Tú, Dios, poderoso…» El Señor está en medio de su pueblo y actúa en él sanando corazones, cambiando el luto en alegría y liberando… Nuestra Madre también se hace presente a través de la delicada y tierna danza de tres niñas y es que, donde está el Hijo, no puede faltar la Madre, atenta a nuestras necesidades, como en aquellas bodas en Caná. Ella recoge en sus manos maternales nuestros anhelos y nos enseña el camino: «Haced, lo que Él os diga».

Después de una hora y media larga, el concierto concluye, seguiríamos allí durante horas, como los discípulos en el Tabor, pero hemos de terminar. Salimos de allí alegres, exultantes, sintiendo que el corazón nos arde y que el Amado saldrá de nuevo a nuestro encuentro al día siguiente.

Domingo, día de la Resurrección

2008-8Es el final de estos tres intensos días que han sido un pequeñoTabor. El Ministerio Nacional de Alabanza organizó una batucada en la que cada persona llevó su instrumento para alabar al Señor. Todo era una explosión de gozo mientras cantábamos: «Alabad al Señor con los instrumentos, alabad al Señor con júbilo. Alabad al Señor con los instrumentos, cantadle un cántico nuevo».

El culmen de todo esto llegó con la Eucaristía. Un despliegue de sacerdotes, una unción de amor, una gracia de conversión, una llamada a ser un Pueblo unido en Cristo… El Señor nos dijo: «Recuerda: Mi amor es PARA SIEMPRE. Cuando te envuelva la oscuridad: mi amor es PARA SIEMPRE. Cuando no encuentres el sentido a tu vida: mi amor es PARA SIEMPRE. Ponme como un sello sobre tu corazón, que mi amor por ti venció a la muerte. Despójate de todo cuanto trajiste hasta aquí, y vístete con la túnica nueva que yo he tejido para ti. Te revisto de alegría, del gozo del Cielo. Te corono con ternura y amor. Yo te acompaño ahora y siempre».

Después, llegaron los testimonios, la presentación de la nueva Comisión Permanente y del nuevo Coordinador Nacional. Los agradecimientos, la despedida… En el corazón y en la memoria quedan estos días en los que no hemos dejado de abrirnos y postrarnos ante Aquél, al que hasta los vientos y el mar obedecen.

Nuevo Pentecostés, nº 118 (septiembre-octubre 2008)