AL RITMO DE DIOS
«Ése anda a su aire» es una expresión coloquial para indicar a una persona que no sigue las normas y costumbres comúnmente aceptadas en una familia o en un grupo. En un desfile militar uno no puede ir a su aire, sino que tiene que acomodarse al paso uniforme de marcha de los demás. En una orquesta uno no puede ir a su aire, sino al ritmo común que marque el Director. En el Cuerpo Místico de Cristo los miembros de la Iglesia han de seguir el ritmo de Dios conforme a su santa voluntad.
Sin embargo, es evidente que a muchos no les gusta acomodarse al compás que Dios marca. Más aún, podemos incluso querer engañamos y decir que nuestra opinión y nuestro ritmo es el pensar y el querer de Dios. Dios marca, a veces, un ritmo de gozo y alabanza y nosotros decimos que Dios está pidiendo luto y penitencia. Cuando Dios pide penitencia, nosotros podemos decir que Dios es un Dios alegre. Muchas veces, no vamos al paso de Dios: «Vino Juan, que ni comía ni bebía, y decíais: Tiene demonio. Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: ‘Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores’.» (Mt 11,18-19). Pero «los hechos han dado la razón a la Sabiduría de Dios (Mt 11,19b) y a su justicia.
Cuando se camina al ritmo que Dios marca, se siguen frutos abundantes de santidad y de justicia. Dios nos dice: «Te guío por el camino que sigues» (Is 48,17). Cuando hacemos el querer de Dios, «nuestra paz es como un río, nuestra justicia como las olas del mar» (Is 48,18). Se siguen frutos de bendición en nuestras vidas, y de unidad y de paz con los que viven y cumplen el querer de Dios. Es verdad que nos encanta marcar a los otros el ritmo; pero el que importa es el ritmo de Dios y no el nuestro.
Haznos, Jesús, dóciles a tus planes. Tus planes están siempre por encima de los nuestros. Enséñanos a obedecer a tu sabiduría. Danos frutos de entendimiento y no de ignorancia, frutos de justicia y de amor. Queremos seguirte, Jesús, en tus horas de paz y en tus horas de pasión; queremos caminar siempre Contigo, pues el que te sigue, tendrá la luz de la vida. Y Tú, Señor, eres nuestra vida verdadera. Amén.
“El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.