Miércoles 27 de diciembre

27.12.17

Juan Evangelista

LO QUE HEMOS VISTO Y OÍDO

La frecuente y amorosa comunicación con Dios desemboca a veces por don suyo en el don de piedad y en la oración contemplativa. Los contemplativos, como los mártires, comienzan a sentir un pregusto de los bienes celestiales y ven y oyen cosas de Dios.

San Juan evangelista fue un contemplativo. Vio a Jesús transfigurado, con su rostro como el sol y sus vestiduras blancas como la luz, en un monte alto (Mt 17,1-2), que la tradición identificó con el monte Tabor. Conoció al que existía desde el principio, lo oyó, lo vio lo contempló y lo palpó con su manos (1 Jn 1,1) y descubrió que Jesús era «la vida eterna que estaba en el Padre y que se nos manifestó» (1 Jn 1,2).

El día primero de la Pascua, Juan, el apóstol y evangelista, al ver las vendas del sepulcro de Cristo en el suelo y al sudario con que le habían envuelto la cabeza en un sitio aparte enrollado (Jn 20,7), con su mirada contemplativa, «vio y creyó» (Jn 20,8) que Jesús, su Señor, estaba resucitado. El contemplativo con la luz venida de Dios ve mucho más allá que un creyente imperfecto.

Juan, como contemplativo de Jesús, permanece a su lado en el Calvario y se va preparando para recibir en su casa (Jn 19,27) a María, la máxima contemplativa de los misterios de Dios. Los dos comienzan desde aquel momento una maravillosa comunidad de contemplativos, que viven en Dios y ven y oyen los secretos de los misterios de Dios.

Juan, en la isla de Patmos, «es arrebatado en espíritu en el día del Señor» (Ap 1,9-10) y ve entre candelabros de oro al Primero y al Ultimo y al que tiene las llaves de la muerte y del infierno y que vive por los siglos» (Ap 1,17.18).

La contemplación no se para en visiones externas; penetra hasta la profundidad de los misterios de Dios y hasta su oculto sentido. Los contemplativos son testigos irremplazables en la Iglesia de la vida de Dios (S. Juan de la Cruz, Teresa de Ávila…). A su lado nosotros presentimos la maravilla de los secretos de Dios.

San Juan Evangelista: enséñanos a penetrar en el misterio de tus escritos y a ser contemplativos. Santa María Virgen, contemplativa excelsa de los misterios de Dios y maestra de contemplativos: haznos conocer y amar a tu Hijo más y más siempre. Amén.

“El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A  –  Ceferino Santos S.J.