Acabada la asamblea de este año 2012, llenos de gozo en el Espíritu Santo (¡…tú sabes!), el domingo 8 por la noche comenzó el Retiro Nacional de Sacerdotes, predicado también por el P. Alberto Linero. Han sido 5 días de oración, alabanza, convivencia y fraternidad sacerdotal vividos por los 42 sacerdotes que asistimos. Ayudados y acompañados por nuestras hermanas del Ministerio Nacional de Sacerdotes, Iluminada y Mari Carmen, y del asesor espiritual nacional, P. Eduardo Toraño, y con la gracia de poder contar un año más con el ministerio de alabanza del grupo “Rey de reyes” de Torrejón del Rey (Guadalajara), hemos podido una vez más experimentar la fidelidad del Señor sobre sus elegidos.
Cada día comenzábamos alabando al Señor con la oración litúrgica de laudes, teníamos una enseñanza por la mañana y después tiempo de silenció y meditación hasta la Eucaristía. Por la tarde, tras la comida, comenzábamos con la alabanza seguida de otra enseñanza, tiempo de meditación en silenció y antes de cenar teníamos la adoración con Vísperas. En las enseñanzas, el Padre Alberto, con la fuerza y la gracia que el Señor le regala para la predicación, no quiso poner delante de nuestros ojos la grandeza de la llamada del Señor y, citando al cardenal Kasper, entender nuestro ministerio como un ser servidores de la alegría de nuestros hermanos. Comenzando por la experiencia de la amistad con el Señor, durante los dos primeros días, por las noches pedimos una nueva Efusión del Espíritu Santo sobre cada hermanos sacerdote. Fue un momento grande donde el Señor comenzó a hacer la obra que Él tenía preparada para cada uno de los participantes. El segundo día, oramos por la sanación de los sacerdotes allí presentes y todas las personas que traíamos en nuestro corazón y el Señor se seguía manifestando con poder. Durante el tercer día, al hilo de la parábola del hijo prodigo, fuimos profundizando en el pecado y la misericordia de Dios, para concluir el día con la celebración del sacramento de la Penitencia. El jueves y el viernes se nos introdujo en el misterio de la Alianza, sabiéndonos ministros de la Alianza del Señor con su pueblo, de modo que todos los hombres lleguen a ser familiares de Dios. Como en el retiro del año pasado, el jueves por la tarde celebramos la Eucaristía con hermanos de los grupos que quisieron acompañarnos y allí rezaron por los sacerdotes y nosotros por ellos. Fue una ocasión enorme de bendición.
Han sido, en fin, días de gracia y de renovación en el Espíritu Santo. Gracias al Señor por cada hermano sacerdote, joven o mayor, cada uno una bendición y caricia del Señor para su pueblo. Seguid rezando por nosotros para que lo que Dios nos ha dado en estos días dé el fruto que Él espera, porque suyo es el Reino, el Poder y la Gloria. ¡Aleluya!
Pablo Ormazabal