XXII ASAMBLEA NACIONAL DE LA RENOVACIÓN CARISMÁTICA
La glorificación de la Trinidad
Todo estaba a punto pese a la premura de tiempo. A la comisión organizadora se le planteaba un reto: En una sola jornada había que colocar sillas, ubicar el estrado, la música, librería…, en fin, TODO. Después de celebrar la Eucaristía matinal, el jueves 6 de julio, un buen equipo de voluntarios se puso manos a la obra, bajo la supervisión y control del hermano Diego. Poco a poco un número ingente de sillas se fueron colocando en sus respectivos lugares, mientras los operarios de sonido y estrado, así como el personal de carpintería iban configurando lo que iba a ser el recinto que acogería la XXII Asamblea Nacional. Los servidores de librería también procedían a montar su “stand” en el que depositarían gran cantidad de material en forma de libros, cassettes, “CD”…
Daba gloria ver el afán con que cada uno se entregaba a su labor. Pese a todo, el tiempo pasaba inexorable y parecía que no iba a ser posible acabarlo todo. Mientras, en secretaría se vivía una actividad febril: había que rematar la labor que durante este tiempo se había ido realizando para que al día siguiente se pudiese abrir la secretaría y atender a los hermanos y hermanas que acudirían a la cita anual.
El resultado se pudo ver el día 7, cuando se abrieron las puertas y se dio paso al gran número de hermanas y hermanos que aguardaban impacientes este momento: Todo estaba en orden: La megafonía, oyéndose nítidamente; las pancartas y la pantalla gigante, izadas en lo alto; los “libreros”, con sus ordenadores a punto, dispuestos a despachar cultura y música por doquier; el servicio de acogida, con sus camisetas amarillas, capitaneados por Mariano, recibiendo a los hermanos con caramelos y una sonrisa en los labios; el ministerio de orden, -los “verdes”- controlando todo para que no hubiese ningún incidente; el ministerio de guardería acogiendo a los más pequeños… Entretanto, el ministerio de música se afanaba en poner a punto los instrumentos y ensayar los cantos que iban a nutrir todas las celebraciones programadas… Todo era alegría, fiesta, gozo… era el preludio de lo que iba a venir después cuando diese comienzo la Asamblea.
Y es que, antes se había orado mucho por esta Asamblea; y cuando se invoca al Señor, él escucha y éste era el resultado de tanta oración.
SALUDO DEL COORDINADOR NACIONAL
El Coordinador Nacional designado para ello, dio la bienvenida a los asistentes: “Estamos en el Año Jubilar y estrenamos nuevo local, lo que es signo de nueva etapa, de nueva primavera –dijo- donde podemos crecer todo lo que queramos”. Dio la bienvenida a todos deseándoles una feliz estancia y agradeció su asistencia; invitó a disponer nuestro corazón a las maravillas de Dios y a pedir que el Espíritu nos abra los ojos del entendimiento para reconocer su obra tanto en nosotros como en los que nos rodean. Finalmente, saludó en varios idiomas concluyendo su saludo con un ¡Bienvenido, Pueblo de Dios! ¡Bienvenido a su fiesta!
Tras una oración fuerte de alabanza, donde el Señor se mostró grande, el P. Ceferino Santos, presentó la Asamblea trazando como objetivo de la misma la proclamación de Cristo Eucaristía y la glorificación de la Santísima Trinidad. como fuente de Unidad.
Seguidamente dio paso al P. Manuel Rodríguez, Claretiano, leonés, residente en Lima.
LA TRINIDAD, FUENTE DE UNIDAD.
Comienza con una oración a la Santísima Trinidad en petición de protección y para que el Espíritu Santo se derramase sobre cada uno de nosotros y protegiera el lugar donde nos encontramos.
EL MISTERIO DEL DIOS VERDADERO.
¿Quién es Dios Uno y Trino? -preguntaba Manuel Rodríguez- Partiendo de la base de que a Dios nadie lo puede definir, vamos decir lo que no es para después definir lo que es, pues tenemos una imagen falsa de Dios. Dios no es un supermercado donde uno puede surtirse de lo que necesita en cada momento; tampoco es un policía que está vigilándonos, dispuesto a castigarnos; ni es el Dios abuelito que es permisivo y todo lo consiente. Para otros Dios es algo lejano: «algo tiene que haber» -dicen-; tampoco es un ser amargado, crucificado, que no conoce la alegría ni la fiesta; finalmente, Dios no es una cosa que carece de corazón. Invitó a los asistentes a que renunciaran a este Dios.
Seguidamente, el conferenciante pasó a definir el aspecto positivo de Dios, el que Él mismo nos ha revelado a través de su Palabra, comenzando por la definición más sublime: Dios es amor. El amor es creador y por eso cuanto más se ama más se ejercita la creatividad. Paralelamente, Dios es conservador, es decir, siempre está pensando en ti, Y también es un amor providente porque cuida de nosotros en todo momento y circunstancia. Amor plenificante, el único que llena: «sólo Dios basta», como diría Santa Teresa. El amor de Dios es gratuito, porque no nos ama por lo que somos, sino porque somos sus hijos amados.
Resumió el P. Manuel el amor de Dios diciendo que a Dios se le conoce por lo que es: por el amor. «Cuando dejes las armas, destierres el orgullo, la soberbia, la ira, el rencor… todo eso que nos desfigura como hijos de Dios, entonces podrás hablar elocuentemente de Dios», sentenció Rodríguez. Dios Uno y Trino es como un beso eterno, que hace brotar una lluvia de besos permanentes, lo que hace que, cuando se besa a alguien, Dios está ahí, abrazándonos, besándonos, amándonos.
Dios es donación, entrega permanente; se autodona en el Hijo que es el pensamiento y el proyecto del Padre. Sólo se reserva el nombre de Padre. Dios es entrega permanente, se entrega y entrega a su Hijo y al Espíritu Santo.
Cómo vivir este misterio. Manolo Rodríguez enseñó que nosotros, como miembros del Cuerpo de Cristo, debemos ser imagen de Dios Uno y Trino porque somos hijos de este Dios Trinitario. De igual manera que el Padre no es Padre sin el Hijo y el Espíritu Santo, el cristiano no lo es sin Cristo y sin los cristianos, sin el Padre, sin el Hijo y sin el Espíritu Santo. Hablando de la Trinidad, san Ireneo, decía: «El Hijo y el Espíritu Santo, constituyen las dos manos por las cuales nos toca el Padre, nos abraza, nos moldea cada vez más a su imagen y semejanza. El Hijo y el Espíritu han sido enviados al mundo para morar en nosotros e insertarnos en la comunidad trinitaria» Al ser hijos de un padre universal, entramos en la comun-unión de los santos y nos sentimos responsables de construir esa comunión. Así, si no estamos en unión común con los que nos rodean, estamos hiriendo gravemente a la Santísima Trinidad.
Ungidos por el espíritu. Para formar parte de la trinidad, es imprescindible contar con el Espíritu Santo. De lo contrario, se rompería la trinidad. El cristiano, ungido por el Espíritu
unificador, busca el encuentro, el diálogo… logrando la unión en Cristo Jesús.
del amor, Busca el lenguaje que entiende todo el mundo, el lenguaje del amor.
comunitario, trabaja por formar la Iglesia doméstica. El matrimonio es la iglesia doméstica.
santificador, construye una comunidad santa como pide el Vaticano II.
transformador, queda transformado en templo de Dios y transforma a los demás.
renovador, alcanza la renovación de la mente y propicia una conversión auténtica.
ungido, pone todos los dones al servicio de la comunidad.
de comunión, forma parte de una comunidad como miembro vivo y activo.
Así concluyó esta primera enseñanza en la que Manuel Rodríguez nos enseñó cómo en la unidad trinitaria es donde se encuentra el amor, fuente de todo bien.
LA UNIDAD, FUENTE DE VIDA
Tras el primer descanso de la Asamblea, Nikol Baldacchino comenzó su enseñanza del viernes diciendo que procedía de Malta, una isla pequeña de tamaño, pero grande por la fe. Viajero infatigable, ha tenido el privilegio de comprobar que en todo el mundo el Señor está haciendo grandes cosas, está renovando su Iglesia. Contó cómo en Polonia, cien mil personas se reunieron para alabar a Dios y escuchar su Palabra. Era un retiro al aire libre y, pese a que estuvo lloviendo todo el día, los asistentes aguantaron con sus paraguas hasta el final, alabando al Señor.
En Eslovenia, después de años de comunismo, empiezan a descubrir la fe y Dios está renovando su Iglesia. Sirvan estos dos -dijo- como ejemplo de la actuación del Espíritu, que no tiene fronteras, ni diferencia de edad, ni diferencias sociales.
Se refirió a continuación el lema de la Asamblea, calificándolo de muy significativo, porque es la culminación de la fe en Dios Trino.
Contó cómo en 1947, en Praga, (bajo el régimen comunista) una comunidad experimentó una ruptura, lo que motivó que cinco líderes lucharan entre sí sin que nadie se alzara con la victoria, lo trajo consigo la división. Tras unos meses de división, estos dirigentes se dieron cuenta del mal que habían hecho pero el orgullo les impedía reconocer su error ante los demás. Un día, uno de ellos se allegó a los otros y les pidió perdón. Entonces un Espíritu de perdón cayó sobre todos y se recuperó la normalidad. Un poco más tarde, estos dirigentes fueron arrestados. La policía secreta les interrogó, les tendió trampas con el fin de enfrentarles y poder incriminarles. Pero, los dirigentes se afianzaron más aún, y el oficial, frustrado por su fracaso, les preguntaba por qué se amaban tanto. Más tarde este oficial se postró ante ellos pidiendo oración sobre él, pues quería recibir el mismo amor en su corazón. Esto nos enseña que el mejor ejemplo que podemos dar es amarnos unos a otros, Recordó cómo Pablo ya amonestaba a los Corintios sobre las peleas, sobre la división. El mismo Jesús, en la última cena, oró a su Padre para que no se rompiese la unidad. Cuando Pedro convocó el primer concilio de la Iglesia, por el motivo de la circuncisión, gracias al poder del Espíritu Santo, se logra la unidad en el amor. Para poder orar por nuestros enemigos es preciso asimilar lo que dijo Jesús: “amad a vuestros enemigos y orad por ellos. Lo primero que nos pide el Señor es que haya unidad en nuestra familia. Hay muchos cristianos que se están divorciando de la Iglesia porque han perdido la esperanza en la Iglesia, en sus dirigentes. Se sienten heridos por un sacerdote, por una monja; también en la Renovación ha habido abandonos por haberse sentido heridos por otros hermanos ya sean dirigentes o no. Dios, en este año jubilar, está llamando a todos a buscar a estos hermanos para poder demostrarles nuestro amor, atraerles de nuevo al rebaño y mostrarles a Jesús.
La unidad en los grupos de oración. Dios nos ha bendecido tanto, que basta mirar hace tan sólo treinta años lo impensable que sería que un grupo tan numeroso se reuniera durante tres días para alabar al Señor. Tampoco se podía pensar hace treinta años que ochenta millones de personas en todo el mundo se reúnen para orar todas las semanas. Todo es obra del Espíritu Santo que hace que la Palabra de Dios sea anunciada por laicos comprometidos; laicos que son usados por Dios para traer sanación, profecía… Es la sorpresa de Espíritu Santo.
Nikol pasó seguidamente a hablar de la unidad en la Iglesia, en la familia, en los grupos de oración. «Siento -dijo- que Dios nos está llamando a crear una unidad entre los cristianos. Esta es la llamada del Papa en el año jubilar. Tenemos que aceptar y amar a los hermanos de otras confesiones, aprender de ellos, no juzgarlos. Y así, amándolos, más amaremos a nuestra Iglesia, porque el mismo Espíritu que se nos da a nosotros, se les da a ellos. La unidad no viene automáticamente, hay que trabajarla; requiere gran esfuerzo y mucha oración. Tenemos que dejarnos usar por el Señor, para ser instrumentos de paz, de amor, de unidad. Tras esta enseñanza, invitó a los presentes a compartir una oración dirigida a la Trinidad, en la que tras reconocer nuestra debilidad, y sentirnos culpables de haber sembrado la división, utilizando indebidamente los dones que nos han sido dados, implorar del Altísimo que, a partir de ahora tras reconocer nuestro pecado, seamos adalides de la unidad y del amor, para llevar la sanación a quienes lo necesiten. Amén.
La tarde del viernes comenzó con la oración de alabanza, que sirvió para despertar a quienes aún estaban adormilados tras la comida y para dar gracias a Dios por los regalos que nos estaba haciendo en este encuentro entre hermanos.
LA RECONCILIACIÓN, FRUTO DE LA MISERICORDIA DE DIOS,
Tras este rato de oración Manolo Tercero tomó la palabra para motivar la reconciliación que vendría después. Nos hizo ver la necesidad de profundizar en el silencio y así entrar en el misterio de la misericordia de Dios, que en forma de celebración, era el tema de la enseñanza de esa tarde. Pidió al Señor que use con nosotros lo que más le gusta utilizar: su perdón, su misericordia. Invitó a despreocuparse de todo para centrarse en la celebración. Hizo mención a la Eucaristía que tuvo lugar el día anterior en el sentido de que se pidió que la gloria de Dios descendiera sobre la Asamblea desalojando la impureza, alejando el pecado y todo lo que no es santo ni digno de su gloria. Manolo Tercero quiso centrar el pecado en el aspecto de desamor, de desatención a Dios, lo que no quiere decir que los pecados contra el prójimo, contra la naturaleza, etc., sean menos importantes, pero si vamos tirando del hilo de estas faltas, llegaremos a lo que antes apuntaba: al desamor a Dios.
Proclamó a continuación la Palabra que el Señor le regaló al preparar la enseñanza: la curación de los diez leprosos. Sospechó que este pasaje se iba a cumplir en la Asamblea. Porque cuando cada uno se sienta un leproso y vaya al sacerdote a que le imponga las manos, quedará limpio. Recordó lo que Pablo dijo a los romanos: «por vuestra culpa el nombre de Dios es ultrajado» Palabras tremendas, que dan que pensar. Porque quienes nos conocen saben que pertenecemos a un movimiento de renovación espiritual. Pero si después no somos consecuentes, quienes nos conocen denigrarán el nombre de Dios.
Si nosotros nos centramos en cómo es nuestro amor a Dios, y le pedimos perdón porque Él no es nuestro único Dios, Dios crecerá en el mundo por la fe ferviente y el amor de cada uno de nosotros, siendo entonces conocido y alabado. Por el contrario, cuando en nosotros no hay verdadero culto a Dios, contribuimos no sólo a que nuestro Dios no sea conocido, sino a que sea odiado y despreciado.
Al estar en una Asamblea cuyo lema es Gloria al Padre, Gloria al Hijo, Gloria al Espíritu Santo, no está de más -dijo Tercero- que fijemos nuestra atención en el mandamiento Primero. Aunque parezca difícil de creer, el amor no es amado, como sentía San Francisco de Asís. Esta es la cruda realidad: Dios no es amado. Porque en demasiadas ocasiones, Dios es como un grifo, que le cerramos cuando no le necesitamos.
No se puede dejar de hablar de pecado grave si no amamos a Dios por encima de todo. Es tremendo, pero muchas veces damos más importancia a la lista de pecados de los moralistas, que al gran pecado de Israel: no reconocer a Dios como su único Dios y Señor. Hemos pasado de considerar pecado casi sólo lo referente a la sexualidad, a considerar lo que atañe a la justicia, y eso sólo nos puede ayudar a iluminar el sentido de la culpa. El VERDADERO Cristiano sabe que el pecado es una situación sin salida y cuando tenemos conciencia de esto, aparece la esperanza en la redención copiosa, y mirando la cruz decimos: la cruz es victoria. Porque Cristo ha vencido el pecado, la enfermedad y la muerte.
Exhortó a todos a dejarnos reconciliar con Dios. Nosotros -dijo- le entregamos nuestro pecado y Él nos justifica por pura gracia suya. Estas son -finalizó nuestro amigo Manolo- algunas pinceladas que esbozan el camino por donde debemos ir esta tarde para que, movidos por el Espíritu Santo, reconozcamos nuestro pecado.. Como decían los santos Padres, -concluyó- vamos a recibir el segundo bautismo: la reconciliación. Si en el primero fuimos sumergidos en la sangre de Jesucristo, en este lo seremos en la misericordia de Dios. Entonces el Señor nos dirá: «tu fe te ha salvado, vete en paz»
Tras la intervención de Manolo Tercero, se dio tiempo para la reconciliación que, como siempre estuvo muy bien nutrida tanto de sacerdotes como de fieles, lo que es buen síntoma de la vigencia de este sacramento entre nosotros. También hubo descanso, durante el cual los asistentes fueron obsequiados con unas tarrinas de helado lo que contribuyó a paliar los efectos del calor que se sentía fuera del recinto de la Asamblea.
JESÚS AMA A LOS PECADORES
Sobre las siete y media, dio comienzo la Eucaristía, presidida también por Manolo Tercero. En la homilía, dijo que la Palabra de Dios unas veces denuncia, otras ensalza, pero siempre es eficaz. Porque Dios, como buen Padre, también corrige. Señaló Manolo cómo Amós nos denuncia hoy a nosotros porque explotamos al pobre, que no tenemos misericordia con quien la necesita. Dios, con todo cariño, nos reprende ahora a nosotros; porque no podemos aspirar a una Sagrada Escritura con páginas escogidas para nosotros, los carismáticos. Dios dirige su palabra a todos por igual.
Tenemos que tener sed de Dios, ansia de sus decretos, hambre de su palabra. ¡Cuánta palabra hemos recibido y se ha perdido! Pese a todo, seguimos pidiéndola porque la necesitamos, pues sería terrible que Dios nos la retirara, si no nos aconsejara a través de ella: quedaríamos a merced de los mercaderes de la palabra…
Continuó homilía comentando el evangelio de Mateo donde se narra cómo Jesús comía con publicanos y pecadores.
Jesús -dijo- se sienta a la mesa con nosotros y nadie se siente escandalizado, por que todos somos pecadores. Y hoy hemos venido a decir al Señor que si Él no nos sana, si no nos devuelve la salud del amor hacia los desgraciados, no podremos amarles; si amamos a Dios, debemos amar a los hermanos. La humanidad que sufre, tiene que dolernos a nosotros; porque la Palabra de Dios que hemos escuchado, no va a dirigida a los altos dignatarios, sino que va dirigida a nosotros, que, aunque no tenemos posibilidades de poner remedio a todo, sí que podemos hacer algo.
Jesús, esta tarde -terminó el celebrante- se sienta a la mesa con nosotros, enfermos y pecadores, nos alimenta con su Palabra, nos sostiene con la Eucaristía y nos envía para seguir amando y hacer posible que su amor sea visible en nuestro mundo.
Continuó la celebración con el entusiasmo que siempre ponemos en todo momento, muy especialmente en la celebración de la Eucaristía.
JESÚS NOS DICE “VEN”, Y TAMBIÉN “ID”
Al día siguiente, sábado, tras la oración de alabanza matutina, en la que ya había un nutrido grupo de hermanas y hermanos, tomó la palabra de nuevo Nikol Baldacchino, que comenzó diciendo que, mientras se había estado orando, el Señor nos daba una Palabra especial en la que nos decía: “Vosotros sois un pueblo bendito”. Cuando nosotros antes -comentó Nikol- hemos alabado al Señor, las puertas del cielo se han abierto y Dios nos ha bendecido. Y lo va seguir haciendo a lo largo de la Asamblea, aseguró.
Tras esta introducción contó una historia o parábola en la que en una ciudad sobrevino una crisis económica; para resolver el problema, se acordó crear una comisión para estudiar el problema, pero todo se volvía burocracia. Hasta que un joven decidió ponerse a pescar, y cuando lo hizo, dejó asombrados a todos. La ciudad podría ser la Iglesia –explicó- y los peces la evangelización. Se dan muchas charlas, cursos; se editan libros…; el Papa habla de la necesidad de una nueva evangelización, pero, desgraciadamente muchas veces, hablamos de evangelización pero no evangelizamos.
A continuación, Baldacchino quiso compartir con los asistentes un pensamiento suyo, sobre cómo el Señor quiere que seamos pescadores de hombres. Jesús dijo a sus discípulos antes de ascender al cielo que hicieran discípulos de todas las naciones y les bautizasen. Hay que poner de relieve -señaló Nikol- esa relación que Jesús tenía con su discípulos. A todos los llamó con una palabra sencilla: “ven”. Esa fue la primera, pero la última fue: “id”; nuestro discipulado se encuentra entre las dos, pero desgraciadamente muchos queremos seguir a Jesús, oímos el “ven” y resulta muy bonito, pero existe un peligro muy grande: sólo seguimos el primer mandato, y seguir a Jesús no es suficiente, hay que continuar el discipulado, salir a hacer nuevos discípulos. Si miramos el corazón de Jesús, lo vemos lleno de celo, de entusiasmo, lleno de compasión: se relacionó con todos, tanto con justos como con pecadores porque tenía el celo de cumplir la voluntad de su padre. Jesús fue enviado a proclamar la buena noticia. Si queremos seguir a Jesús, y hacer la voluntad del Padre, tenemos que estar con los pecadores, aunque nos puedan identificar con ellos.
Nosotros debemos pedir a Dios que nos dé una visión del infierno, como se la dio a los pastorcillos de Fátima, para no perder el corazón y para ver cuántas personas se están perdiendo. Cuando dejamos que Jesús nos enseñe y nos alimente, la Eucaristía se convierte en una fuente de evangelización. Por un testimonio que dio, vimos cómo el ejemplo debe ser la mejor forma de evangelizar, pues de nada sirve predicar con palabras, si luego nuestra vida no tiene nada que ver con lo que decimos. Es lo que le sucedió a nuestro hermano en su propia casa. Pese a todo, el hogar es primer lugar que debemos evangelizar.
Tenemos que estar preparados para hablar de Jesús -advirtió Baldacchino- cosa no difícil, ya que Jesús nos prometió que cuando nosotros habláramos de Él nos daría el Espíritu Santo. En nuestra vida diaria tenemos muchas oportunidades de hablar de Jesús. En nuestro trabajo, en el autobús, en el banco… Comentó, en tono distendido, que el mejor sitio para evangelizar es el avión, porque la persona con quien hablas no se puede marchar. Siempre hay ocasión de hablar de Jesús.
Terminó Nikol esta su segunda enseñanza comentando que en el año 250, un emperador preguntó a un general romano, por qué tanta gente se convertía al cristianismo, a lo que le respondió éste que los cristianos eran como un virus: cuando un persona se hace cristiana, los que le rodean, se hacen cristianos. Esta es la llamada nos la hace Dios a nosotros; y nosotros estamos preparados para llevar su mensaje, porque hemos recibido mucho del Señor, hemos entrado en una relación fuerte con Él a través de la Eucaristía. Pongámonos en marcha, pues.
Tras un rato de descanso en el que se pudieron degustar de nuevo exquisitos helados, continuó la Asamblea, con un acto emotivo: El rezo del Ángelus por los invitados de otros movimientos: Focolares, Regnum Christi, Brotes de Olivo… El resto de movimientos enviaron su saludo, excusando su ausencia; fue un signo precioso de unidad entre los diversos movimientos eclesiales.
LA EUCARISTÍA, FUENTE DE SANTIDAD.
Seguidamente se dio paso a nuestro invitado de honor: el Obispo de Segorbe-Castellón D. Juan Antonio Reig Pla, enlace de la Renovación Carismática ante la Conferencia Episcopal.
Comenzó el prelado agradeciendo la oración que había precedido a su intervención, y pidió al Espíritu que se sirviese de su persona para poder llegar a nosotros.
En otro lugar de la revista, se puede encontrar el texto de la enseñanza, por lo que aquí sólo nos limitaremos a resaltar algunos aspectos de la misma:
Resaltó cómo el Papa, como Dios hiciera antes con Efraín o con Israel, ha ido atrayendo a cada uno de los nuevos movimientos, con lazos de amor. En 1998, en la Plaza de San Pedro, el obispo de Roma dijo: “esto es el nuevo Pentecostés, la primavera de la Iglesia que anunció Juan XXIII cuando convocó el Vaticano II. Vosotros sois la primavera de la Iglesia.» Y el obispo añadía que ese era el momento en que, después de un largo caminar por el desierto, el Señor está regalando la madurez a los nuevos movimientos.
Afirmó que la santidad es Dios, y que Él nos regala su misma vida para que participemos de su misma naturaleza y seamos hijos suyos. Destacó el pecado como principal obstáculo que cierra las puertas a la gracia de Dios. Uno de los dones que Dios va dando a los nuevos movimientos, es el de la consciencia de sabernos pecadores y de que necesitamos de la fuerza de Dios. El bautismo nos introduce en la vida de Jesucristo, para que, unidos a Él podamos dar los frutos de santidad que estamos llamados a dar. La Eucaristía prolonga la encarnación de Jesucristo, de forma que comulgar es entrar a vivir en Aquél que nos invita al gesto de autodonarnos plenamente como Él lo hizo en la cruz. La conversión es obra de la fe, y la fe comienza por la iluminación y es un regalo de Dios. Comparó la Eucaristía con el Monte Tabor; al Tabor de la Eucaristía subimos purificados, y una vez allí, dejamos que prenda en nosotros la gloria de Dios y sentir, como los apóstoles «qué bien se está aquí.» El Espíritu Santo nos reviste de toda la vida de Dios a través de sus siete dones,.
Concluyó diciendo que lo que nos reclama ahora el espíritu Santo, es que, en el seno de la Iglesia, viviendo el espíritu de comunión, llevemos los frutos de la santidad, que es lo que reclama la generación actual: que fructifique la obra de Dios regalando a sus hijos la santidad.
«No desmerezcamos en nada la gracia de Dios, dejemos que Él nos preceda, nos acompañe, y que nos regale por los caminos que Él quiera, el don de la santidad.», finalizó D. Juan Antonio.
Por la tarde, ya con la comida mejor organizada -el día anterior fue un pequeño caos- los hermanos y hermanas se aprestaron para alabar al Señor cosa que consiguieron fácilmente, pues se estaba más relajado.
LA EUCARISTÍA, FUENTE DE SANACIÓN
Al término de la misma, tomó la palabra Manolo Tercero para, en su segunda enseñanza, y con el santísimo expuesto, desarrollar el tema que se refleja en el título de este resumen.
Comenzó compartiendo con nosotros la experiencia que había experimentado el caer en sus manos el retrato espiritual de Marta Robin que durante treinta años no tomó ningún alimento, ninguna bebida, sufriendo cada viernes los estigmas de la pasión del Señor. Debido a su enfermedad tenía que estar incorporada en la cama en una habitación oscura -no soportaba la claridad- y allí recibía a sus numerosos visitantes El martes, sin embargo, recibía a alguien especial: a Jesús, en la comunión. El autor del libro le preguntó qué sentía cuando recibía a Jesús en la comunión, a lo dijo que era una vida nueva que penetraba en sus huesos, era como si resucitara, se sentía como desligada del cuerpo, libre; el 16 de agosto de 1946, Marta Robin dijo que tenía ganas de gritar. «Tengo deseos de decir a los que me preguntan si como, que mi alimento es la Eucaristía”. Tengo ganas de gritar -decía- que ellos impiden en sí el efecto de este alimento; ellos bloquean sus efectos. Reconoció Manolo que, cuando celebra la Eucaristía, estas palabras resuenan en sus oídos.
La Iglesia ha recogido en el rito de la comunión, poniendo el él las palabras del centurión, dos elementos que configuran todo encuentro sacramental: La fe del comulgante, que tanto agrada a Dios y el efecto que produce todo sacramento en quien lo recibe: sanación de todo tipo, tanto física como espiritual. La Eucaristía es fuente de salud, viático, pan de los fuertes, de los mártires, remedio de todos los males, fuerza de los débiles, perdón de los pecadores…
Jesús nos dice: «Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que coma de este pan vivirá para siempre. ¿Qué es comparable con la vida? -preguntaba- ¡Cuánta vida nos perdemos por no creer! ¡Cuánta desatención al sacramento de la fe!
La caries dental -dijo- por ser tan común no se piensa que es una enfermedad. Lo mismo pasa con la falta de amor: es tan común, es tan lógico, tan razonable quedarse corto en el amor, que ya ni parece pecado. ¡Bienvenido a la humanidad de desamor! -clamó- Sin embargo, el amor es fundamental en nuestra fe: sin amor no somos nada.
En este momento, Manolo endureció un tanto su prosa, pues dijo: ¡Cuántas comuniones individualistas, sin sentido de comunidad, comuniones que reflejan la autoimagen del fariseo!; ¡Santísimo Cuerpo de Cristo, que toca mi lengua, con la que después maldigo al hermano! Cuerpo de Cristo, ¡sáname del odio que me lleva a la muerte!
La comunión –continuó- debería ser alimento sabroso de lo que más nos gusta y que más deseamos: ello nos ayudaría en el crecimiento espiritual de nuestra vida. La Eucaristía es también causa de salud física y debemos pedir al Señor sea medicina para nuestras enfermedades, sobre todo para los enfermos que son quienes más se identifican con Jesús. Cabría preguntarse por qué Jesús no curó a todos; por qué en nuestras asambleas son más los que no se curan que los que notan mejoría; por qué casi todos los santos eran enfermos… Dios tiene dos formas distintas de mostrar su poder: quitando el mal o dando fuerzas para poder soportarlo y entenderlo de un modo nuevo, libre, y, a veces, hasta gozoso. Cuando se trata de los demás, hay que pedir e insistir. Presentemos -invitó Manolo- con todo el cariño a nuestros enfermos con oraciones cortas -nosotros pormenorizamos demasiado- que digan lo que queremos que haga Dios. Después, decirle: «si quieres, puedes curarlo; di una palabra y quedará sano». Amén. Después de la enseñanza, Manolo Tercero se paseó con el Santísimo por los pasillos de la Asamblea, siendo este un momento muy solemne y emotivo.
JESÚS SANA HOY
Después de un descanso, -serían algo más de las seis- comenzó la Eucaristía de sanación presidida por el P. Manuel Rodríguez, Después de la proclamación de la palabra empezó la homilía con una doble expresión de gozo: “El novio está con nosotros, “Aleluya”. Por ello- continuó- no cabe la tristeza, porque el novio -Cristo- está aquí. Jesús viene hoy a sanarnos, a sacarnos de nuestras angustias. Si queremos que Dios obre en nosotros, -prosiguió Manuel Rodríguez- debemos ponernos en sus manos, como el barro en manos del alfarero, para que Él actúe en nosotros y nos restaure. Pero hay que tener en cuenta que sin perdón no hay sanación, por lo que si en nuestro corazón no hay paz, no podemos aspirar a que el Señor nos sane. Está comprobado que una buena confesión es una gran sanación.
San Pablo nos dice que el Espíritu ha sido derramando en nuestros corazones con gran profusión, pero hay corazones que tienen brechas, por lo que el Espíritu no actúa, sino que lo que actúa es el orgullo, el egoísmo, el resentimiento… Por eso es necesario que el Señor nos sane de todas las heridas que tenemos. Él está siempre presente y nosotros podemos ser instrumentos de sanación para personas que están alejadas. Dios escucha a quienes le invocan de verdad.
El Señor confió a santa Faustina -recién canonizada- que lo que más le dolía era la falta de confianza que teníamos en Él, cuando está dispuesto a derramar bendiciones con tal de que confíen en Él. La fe debe ir acompañada del amor, pues si tenemos resentimientos, nos hundiremos cada día más. Contó cómo en Lima unos drogodependientes fueron sacados de la droga por Jesucristo, cosa que los médicos no fueron capaces de conseguir. Jesús está aquí presente, vivo y actuante. ¡Alabado sea Jesucristo!
Oración de sanación
Después de la comunión, tuvo lugar la oración de sanación para la que el celebrante tiene un carisma especial. Comenzó dando gracias al Padre por las maravillas que iba a realizar en esta tarde. Recordó al Hijo las promesas que Jesús hizo a sus discípulos, haciendo viva profesión de fe de todo lo que Cristo prometió. Invocó al Espíritu Santo, reconociendo que es Él quien puede transformar nuestras vidas. También pidió a la Virgen, que rogase por todos nosotros como lo hizo en Pentecostés y nos acogiese bajo su manto protector.
Después de pedir a Cristo Jesús que nos protegiese, siguió una oración en la que pidió ser liberados de todo espíritu de perturbación de pecado, de incredulidad, en fin de todo lo que nos perturba y de toda influencia del maligno, así como de toda enfermedad (pidió que pusiéramos la mano en el corazón) y continuación pidió que pasase a través de nuestras manos llenando nuestro corazón del Espíritu Santo y de todos los Espíritus que nos edifican.
A continuación cuatro sacerdotes asperjieron a los asistentes mientras se cantaba el «libérame Señor…», tras lo cual Manuel Rodríguez siguió pidiendo el perdón de nuestros pecados.
Toda la oración fue una continua invocación para que Jesús pasase sanando, liberando, confortando, para lo cual le pedíamos que entrase en nosotros. Le presentamos nuestras manos abiertas para que fuesen las suyas, pidiéndole que las purificase para que fueran instrumentos suyos, siendo aclamadas todas las peticiones por los asistentes
Seguidamente el presidente enumeró detalladamente todos los órganos, ya sean externos como internos, así como todas las enfermedades, tanto físicas como mentales que nos pueden aquejar. Para ello, invitó a todos a unirse dos a dos con las manos en la cabeza del compañero, y a cerrar los ojos. Comenzó pues esta oración pidiendo al Señor que pasase a través de nuestras manos y que derramase una efusión grande de Espíritu.
La cabeza y el pecho y todo lo que contienen, las extremidades… todo fue nombrado por el orador sabiendo que una sola palabra de Jesús bastaría para sanarnos.
Tras una breve oración en lenguas, fue anunciando, mediante la palabra de conocimiento, las sanaciones que el Señor le comunicaba que había hecho en los asistentes: una cadera derecha, el seno izquierdo de una mujer de cáncer, la úlcera de estómago de un caballero, un dolor de cabeza, un brazo derecho, una muñeca…
Seguidamente rogó a algunos de los que se hubiesen visto liberados de algún dolor, a presentarse en el estrado. Fueron muchos y no hubo tiempo para que todos diesen su testimonio.
Finalmente, bendijo cuantos objetos le fueron presentados para que fueran usados como instrumentos del amor de Cristo Redentor y Salvador, con lo que concluyó esta Eucaristía que, pese a su larga duración, nadie se sintió cansado, sino que todos salíamos contentos y felices.
Y llegó el día final de la Asamblea. A las nueve y media comenzaba la alabanza, para empezar el día glorificando a nuestro Dios. Estos ratos de oración crean el clima de sosiego adecuado para que los mensajes que Dios nos transmite a través de los hermanos que nos enseñan, cale en nuestros corazones.
COMPROMETIDOS CON JESÚS
La enseñanza del domingo corrió de nuevo a cargo de Nikol Baldacchino -fue su tercera intervención- en la que comenzó diciendo que cada uno de nosotros ha conocido a alguien que estaba convencido de sus principios; a estas personas se las llama héroes y a todos nos gustan estas personas, porque son ejemplos a imitar.
Contó cómo, cuando él tenía siete u ocho años, vio una película en la que, en lucha feroz, los pilotos japoneses se lanzaban con sus aviones sobre los barcos americanos, muriendo en el empeño. La visión de esta película le impresionó y se preguntaba de dónde sacaban ese valor. Ello viene a colación porque en nuestro mundo de hoy hay pocas personas comprometidas. Ejemplo de ello son los valores de la familia; ¡cuántos jóvenes aceptan el matrimonio no por compromiso y por fidelidad, sino por llenar sus emociones; consecuencia: cuando estas emociones cambian, cambia también el compromiso. ¡Cuando aprenderemos de Dios!
Dios vive para amarnos: su amor no puede cambiar y ese debería ser nuestro compromiso: que aunque vengan dificultades, nuestro amor tampoco cambie. ¿De dónde conseguían el valor los primeros cristianos que estregaban su vida por Jesucristo? estaban llenos de la vida de la Trinidad, sólo así es posible que sufrieran tan atroces persecuciones y murieran de forma tan cruel.
Si miramos la vida de Jesús, vemos que hay dos tipos de personas que le seguían: la multitud y los discípulos; la multitud iba alrededor de Jesús y era feliz cuando les daba de comer y les sanaba; escuchaban encantados sus enseñanzas, pero a Jesús no le impresionaba el gentío, porque lo que quería era discípulos que le siguieran no por lo que les iba a dar sino porque le reconocieran como su salvador, el que les podía dar vida.
Los israelitas, el pueblo elegido de Dios, después de que Moisés les sacó de la esclavitud para llevarles a la tierra de la libertad estaban contentos, pero llegó el momento de la duda y añoraban Egipto; fue entonces cuando Moisés les puso ante la disyuntiva: seguir a Dios o a sus ídolos; ésta es la elección que Dios nos pide a nosotros: seguirle con todo el corazón o no seguirle; nosotros tenemos la palabra.
La llamada de Jesús es clara: “ven y sígueme” Este es el camino: mirar adelante con entusiasmo y escuchar la palabra de Jesús, puesto que nadie que pone su mano en el arado y mira hacia atrás esta preparado para servir en el reino de Dios. Desgraciadamente nosotros ponemos muchas veces la mano en el arado, miramos hacia atrás, y caemos de nuevo.
Al abandonar esta Asamblea -invitó Baldacchino- tenemos que estar convencidos de que debemos ser un pueblo de oración; la oración tiene que ser nuestro aire espiritual; ahí es donde encontramos nuestra fuerza, donde se renovará nuestro compromiso. Normalmente, Jesús no nos va a pedir que muramos como mártires, pero con estas pequeñas luchas, nos haremos santos poco a poco..
Dios nos manda que seamos personas correctas y sinceras desde el primer momento; este es signo del compromiso con el Señor; otra forma de mostrar este compromiso es que, al estar comprometidos con la Iglesia, también lo estamos con sus pastores, con sus enseñanzas. También nos llama -añadió- a comprometernos con la Renovación: Porque después de 25 años empezamos a perder la visión, el fuego, pero –confesó- aquí he visto tanto entusiasmo, tanta fuerza en la alabanza… que no podemos perder la esperanza.
Como final de sus enseñanzas nos obsequió con otra historia muy edificante: Un Rey tenía un hijo y un criado fiel, y a quien éste quería mucho; Al punto de morir, los llamó y dijo al criado que le dejaba todo su reino; luego dijo al Hijo que le amaba mucho, pero que ya había dado todo al criado, por lo que sólo le podía darle al criado. El hijo no comprendía que al darle al criado le daba también el reino. Lo mismo hace Dios con nosotros: nos invita a que le demos todo: nuestro dinero, nuestros hijos, nuestras ideas, incluso nuestra vida…; a cambio nos dará el ciento por uno: nos lo devolverá todo renovado y refrescado. Esto es lo que quiere el Señor de nosotros, que le demos nuestra vida, para que Él nos la devuelva junto con su vida. Esta es la llamada; estemos dispuestos a seguir a Jesús de todo corazón. Amén.
Tras un descanso en el que también hubo helados, dio comienzo la Eucaristía final que estuvo presidida por el P. Ceferino Santos y que dada la premura de tiempo –dio comienzo más tarde de lo previsto- fue bastante menos extensa que la de los otros días. En otro lugar del Revista podréis encontrar un resumen más extenso de la Homilía que pronunció el presidente; aquí, en este lugar sólo resumiremos lo que más nos llamó la atención de la misma.
LA GLORIA DE LA TRINIDAD
Tenemos el gozo -comenzó- de haber pasado tres días glorificando a Dios. El gozo de los que en medio del mundo podemos sentir la alegría de alabar a la Trinidad Santa.
Hizo notar que cuando el Señor fue paseado por la Asamblea parece como si la gloria de Dios lo envolviera todo y nosotros sintiéramos su presencia que nos llenaba de gozo.
Con una vehemencia que reglaba nuestros oídos, fue desgranando toda una exaltación y gloria del Dios Trino como motor y meta de nuestra existencia. Porque la gloria de la Trinidad nos ha sido regalada, y debemos devolverla como el Hijo se la devolvió al Padre; porque si no la devolvemos, no seremos “uno“ como la Trinidad quiere. Cuando intentamos quitarle gloria a Dios quedándonos con la que se nos ha dado, sembramos la división, y la historia es testigo de ello. María -resaltó- no robó nada de la gloria que Dios la dio: se la devolvió toda; ella tiene que ser nuestro modelo.
Nos hizo ver cómo los enfermos también son gloria de Dios: porque lo mismo alaba a Dios el que tiene perdido el uso de razón, que el que lo hace con todo el corazón. Tampoco importa cómo, pues lo mismo se alaba desde cargos importantes, como desde la sencillez. Creo -concluyo- que la gloria de Dios que hemos dado estos días aquí, no se va a acabar, sino que va a continuar en todo momento y lugar. Amén.* * *
Una vez concluida la Eucaristía, fue clausurada la Asamblea. Los hermanos y hermanas demostraban su alegría, se sentían satisfechos. Habían sido tres días intensos donde la gloria de Dios –como apuntaba el P. Ceferino- se había derramado sobre la Asamblea. Antes de empezar, el jueves, podría haber algún temor sobre su resultado. Ahora ya no cabía ninguna duda: Dios había escuchado nuestras oraciones y todo había resultado un éxito rotundo. ¡Gloria a Dios! Quienes lo habían organizado todo y que no han regateado ningún esfuerzo para llevar a buen fin la Asamblea, pueden sentirse satisfechos. Nosotros, que hemos asistido a cuatro encuentros, vemos cómo cada vez el Señor nos regala mejores Asambleas. Esta, por las enseñanzas recibidas, por organización, confort, y servicios prestados ha marcado un hito importante. Y como el equipo organizador tiene espíritu de superación, la próxima, con la ayuda de Dios, será aún mejor para mayor gloria suya.
Nuevo Pentecostés, nº 69 (julio-agosto 2000)