XXXI ASAMBLEA NACIONAL
La Victoria es de nuestro Dios (Ap 7, 10)
Javier Cedrón
Éste es el grito unánime de toda la Asamblea de la Renovación Carismática de España. Con gran alegría tuvimos el privilegio de recibir y proclamar esta promesa eterna todos juntos en el Parque de Atracciones de Madrid los pasados 3, 4 y 5 de julio de 2009. La XXXI Asamblea Nacional de la Renovación Carismática Católica en España fue un precioso encuentro de hermanos. Pero sobre todo, fue un encuentro con Jesucristo Resucitado, el que ha vencido, el que nos dice que nada debemos temer, para vivir confiados en su misericordia y su Salvación. Por eso hacemos fiesta, por eso danzamos y cantamos para Él, porque queremos vivir para reconocer que lo importante es la Gloria de Dios.
El encargado de recordárnoslo en esta ocasión, por la unción del Espíritu Santo, fue Fray Nelson Medina. Esta bendición de sacerdote dominico original de Colombia ejerce su ministerio actualmente en Irlanda. Según su propio testimonio recibió la llamada de Dios al sacerdocio en los grupos de Renovación, pasando de ser un tímido joven al hombre carismático y de unción de hoy. Su predicación comenzó dándonos a entender cómo somos partícipes de la Victoria de Cristo en la alabanza. En Hch 16, 25 se describe como Pablo y Silas están en la cárcel, en medio de la noche y de la desgracia, y sin embargo ¡alabando! Aunque la desgracia es una losa, una roca que aplasta, Pablo y Silas no dejan que se anule su voz ni su alabanza. La Gracia de Dios es más fuerte que la desgracia. La manera de vencer es no callarse y proclamar quién es el Señor. La estrategia del enemigo y del mundo es encerrar a Jesucristo detrás de los prejuicios. Amarrarlo. Atarlo para callarlo y meterlo en el calabozo del sepulcro y sellarlo con un roca bien pesada para que no se manifieste más. Decir que España es Post-Cristiana, que Cristo ya pasó. Pero lo cierto es que no acaban con Él. Fray Nelson nos condujo por los lugares donde la estrategia de Dios venció sobre la estrategia del mundo. Empezando por la causa de encarcelamiento de Pablo y Silas que se relata en Hch 16, 16 en la que una mujer con espíritu de adivinación había sido liberada por ellos.
Este argumento fue el usado por los acusadores, y su argumento era verdadero. Pero la verdad sola no salva. Decir la verdad no es darle la Gloria a Dios. También el demonio usa la verdad y los resultados, y esos resultados encadenan a las personas. Con Pablo y con nosotros se pretende hacer lo mismo: callarnos si no repetimos el lema y la mentira del mundo; que el bien nos parezca imposible o detestable, lejos de nuestro alcance o lejos de nuestra alegría. Hacerla aburrida. Pero de la alabanza, la oración y la efusión de Pablo y Silas no sólo ellos fueron liberados sino también los demás presos. El Espíritu Santo trajo la libertad a todos, hasta al carcelero, que a su vez era prisionero del sistema. ¡Un nuevo Pentecostés! La respuesta no es odiar al carcelero sino liberarlo. No es más que un esbirro de Satanás, una víctima que forma parte del engranaje que lo destruye todo. Por eso es necesario que todos sean liberados, sin amargura, sin odio ni rencor. Este carcelero se iba a suicidar, porque él tendría que sufrir la misma pena que los presos, víctima del sistema, y sin embargo es salvado por el prisionero. “¿Qué tengo que hacer para salvarme?” –dijo–. Se rindió al Amor.
La fuerza del Amor vence. Le anunciaron la palabra de Dios a él y a toda su familia. Recibieron el bautismo. Llega a creer con tanta fuerza que ya no teme lo que le pueda pasar. Ya no le importa la ley romana. Sólo le importa la ley de Cristo. El miedo desaparece de su vida. Por miedo a la muerte nos mantenía prisioneros el demonio. Pero sabemos que todo está en las manos del Cordero. Aquí está la importancia de la alabanza. Nosotros no alabamos a Dios porque nos va bien. Es un acto máximo de adhesión a la Victoria de Cristo, reconociendo su belleza. Su Victoria es eterna.
Por eso demos gracias a Dios en todo momento, no sólo cuando las cosas son comprensibles o agradables. Eso nos llevará de una efusión a otra, hasta el encuentro definitivo y glorioso con Cristo. La alabanza rompe nuestras cadenas, las de los otros y las de los carceleros. La alabanza no es nosotros contra los abortistas, los ateos, los agnósticos, etc. LA ALABANZA ES TODOS CON JESÚS. También los ángeles nos acompañan y nos enseñan el don de la alabanza.
Y esta Asamblea fue una oportunidad para pedir a los nueve coros de ángeles que dan gloria a Dios que viniesen y todos juntos honrásemos al Rey de Reyes: ¡Serafines, Querubines, Tronos, Dominaciones, Potestades, Principados, Virtudes, Arcángeles, Ángeles y nosotros!
Otra actitud esencial del cristiano de hoy que Fray Nelson nos enseñó es la de recuperar el horror y recuperar la alegría. Es el momento de desfruncir el ceño, de vivir en Victoria, de quitarnos el sambenito de aburridos y amargados. La alegría es un rasgo distintivo en el cristiano. Y por otro lado no acostumbrarnos a que las cosas sean o hayan sido así. El cristiano no se adapta. Tiene otra perspectiva. Las noticias que vemos en televisión nos tienen anestesiados. Nos las presentan de tal modo que no podemos asimilar la información con objetividad y ya no nos extrañamos de nada. Cuando se pierde la capacidad de reconocer el pecado también se pierde la capacidad de reconocer el perdón y la gracia. Así no podemos recibir el don de la alabanza. La verdadera alabanza lleva a la evangelización. El sentirse amado lleva a amar. Somos como una tubería atascada por el miedo y el egoísmo. El Espíritu revienta ese bloqueo para que fluya el agua fresca y que esa agua llegue a los hermanos.
La mística no es una sonrisa de satisfacción sino un grito de Amor, de Amor Divino. No se cierra en sí misma, eso no es cristiano. Ese amor debe fluir hasta que Dios sea todo en todos. Cuando Cristo vuelva conoceremos el plan original de Dios. La evangelización es acelerar ese momento. “¡Ay de mí si no evangelizara!”, decía San Pablo. El Amor de Dios se renueva cada mañana, y si no lo damos lo perdemos. No tenemos más remedio que evangelizar. ¡El futuro de la Renovación Carismática depende de que haya carismáticos! Pero en este camino nos encontraremos con tres obstáculos, tres estrategias del mundo que pretenden arrancar la fe:
✖Quitando la fe de la escena pública. Tratarla como un pasatiempo. Recluirla a la esfera de lo privado.
✖El agnosticismo. Decir que el que importa no es Dios, sino la Tierra. Nuestra fidelidad es para la Tierra, y lo que cuenta es el dinero, el prestigio y el poder. Todo lo demás son cuentos.
✖El ateísmo. Presentar la religión como enemiga de la humanidad con el fin de erradicar el cristianismo. Es una desacreditación total. Predica que la religión sólo ha traído males.
La evangelización es nuestro deber para luchar contra el programa orquestado y la agenda del ateísmo. La evangelización es menos obvia de lo que parece. Por eso Fray Nelson nos dio un completo manual para reconocer al menos los escenarios en los que es necesario evangelizar. Son los llamados Siete Escenarios Existenciales.
✖Vertical ascendente. El evangelizado es una persona de mayor autoridad. 1 P 2, 18-25 “sed sumisos”. No consiste en luchar contra la autoridad. Hacerse con el poder no es el objetivo, corremos el riesgo de aferrarnos a ese ídolo. Nuestro objetivo es ser reconocidos como excelentes ciudadanos teniendo en cuenta que debemos obediencia a Dios antes que a los hombres. Se dice que lo que convirtió al imperio romano fueron las esclavas que evangelizaban a sus señoras.
✖Vertical descendente. Evangelizar a alguien bajo nuestra autoridad: Hijos, alumnos. Ef 6. Sin volvernos tan pastor/ padre/profesor que dejemos de ser oveja/hijo/aprendiz. Debemos utilizar el testimonio personal, la instrucción, la exhortación, apelar a los sentidos, los afectos, los sentimientos, pero no llevarlos a la exasperación.
La última autoridad no somos nosotros. No podemos inyectar la experiencia de Dios a nuestros hijos o alumnos. El sí a Dios es personal.
✖Horizontal forzoso. La misma situación inesperada y no elegida para ambas partes, como Pablo y la tripulación en una embarcación a la deriva. Hch 27, 9-12. 20-26. La respuesta no es “ya te lo dije”, sino una actitud de amigo, de solidaridad humana. Afectuosa y de cariño. Porque nosotros como evangelizadores no tenemos derecho a presumir de nada. Sólo la esperanza puede hacer algo. Debemos unirnos, pasar por lo mismo con un profundo sentido de pertenencia a dónde estamos, y esperar en el Señor.
✖Horizontal voluntario. El ejemplo aquí es la actitud de Jesús con los discípulos de Emaús, Lc 24. Jesús se hace compañero de camino. También nosotros con prudencia, como uno más debemos caminar con los demás en su tiempo de ocio y entretenimiento.
Hacer muchas cosas y buenas, dentro de la fe, porque somos, especialmente los jóvenes, los únicos que Jesús tiene para llegar a otros jóvenes.
✖Misión activa. La predicación por excelencia. Aquí el protagonista es Jesús. Nuestra tarea no es “vender” RCC ni otra cosa, sino dar a Jesús, que es el que salva. Lo importante es que se adhieran a Cristo. Y de la conversión surge el arrepentimiento, saberse pecador y necesitado de perdón. Ése fue el resultado de la predicación de Pedro en Hch 2, 29-36.
✖Misión pasiva. Cuando el evangelizado nos dice: “¿qué tengo que hacer?” Hch 2, 37-41. La conversión implica un cambio de costumbres, porque si seguimos haciendo lo mismo seguiremos obteniendo los mismos resultados. Nuestro bautismo se renueva en la confesión. La conversión se sella en el sacramento de la reconciliación. Es el Espíritu Santo el que perfecciona el proceso.
✖Encuentro fortuito. Ésta es la oportunidad de echar un lazo, de que se note que somos católicos en todo momento. Si Dios nos dio una sorpresa a nosotros debemos aprovechar toda ocasión de nuestra vida para darle esa oportunidad a otros, y veremos que es posible ganar corazones para Jesús.
Esta preciosa enseñanza pudimos verla hecha realidad en nuestra asamblea el sábado por la tarde. Nuestros jóvenes nos ofrecieron un espacio de intimidad y profundidad con testimonios conmovedores, que nos acercaban más al Señor, para darle a Él la Gloria. Nos maravillamos con la obra del Espíritu Santo en nuestro pueblo joven y toda la Iglesia. Convencidos de que Cristo es el que vence, que está vivo hoy, que quienes le seguimos no estamos anclados en el pasado, sino que con Cristo todo se hace nuevo. Como decía nuestro querido Juan Pablo II en su Redemptoris Missio: “La evangelización está en sus comienzos”. La adoración Eucarística de esa tarde fue la oportunidad que muchos corazones recibieron para darle un Sí al Señor, para que Él entrara y transformara vidas enteras, para dar consuelo y esperanza a tantos corazones afligidos.
Esto es lo que Dios hace cuando le dejamos actuar, como en cada Eucaristía, cuando viene y se hace accesible. Cuando nos muestra sus maravillas por medio de sus ministros como el P. Eduardo Toraño, y nos regalan el testimonio de su vida, y cómo la Palabra de Dios es viva y eficaz, demostrando que “cuando somos débiles somos fuertes” y que al entregar lo más valioso para nosotros recibimos sanación y una transformación patente. Éste es el regalo que Dios nos da al reunirnos en su nombre. Ésta es la gracia de ser Iglesia.
El maravilloso disco ¡VICTORIA! que el Ministerio Nacional de Alabanza (MNA) presentó para todos en esta XXXI Asamblea es una manifestación más de la gloria de Dios a través de sus miembros. Un disco que como dijo Rosa Cruz, responsable del Ministerio, es de todos, de toda la RCC de España y de la Iglesia. Porque la alabanza y la alegría es la identidad de todo cristiano que vive en la Victoria del Único que ha vencido a la muerte. ÉL ES NUESTRA FUERZA. ÉL ES EL ÚNICO SEÑOR. A ÉL LA GLORIA, EL HONOR, LA ALABANZA Y EL PODER POR LOS SIGLOS.
Nuevo Pentecostés, nº 124 (septiembre-octubre 2009)