Una vez vueltos a la normalidad de nuestra casa, de nuestro ministerio, de nuestro hogar, es momento de dar gracias y testimonio por cuánto hemos vivido los sacerdotes en el Retiro Nacional de Sacerdotes de este año 2016.
Siempre es una bendición, un don del Señor poder encontrarte con los hermanos y compartir la alegría de la vocación, la alegría del ministerio, el gozo de sabernos escogidos para ser Suyos.
Tengo la suerte de haber podido participar en todos los retiros organizados por el Ministerio Nacional de Sacerdotes desde el año de mi ordenación, hace ya 8 años, y siempre han sido una grandísima bendición para mi vida y para mi ministerio. Y es que, tanto la experiencia de haber vivido la experiencia de la Efusión del Espíritu como presbítero, como vivir la gracia de sentirte rescatado una y otra vez por su Amor misericordioso, son regalos inmerecidos.
Todos los años han sido especiales, todos los años han sido experiencia novedosa de renovación y de restauración del propio ministerio: fortísimas alabanzas, celebraciones festivas y ungidísimas, hermanos ornando unos por otros, …
Este año todos nos hemos sentido “Tocados por el poder de su Espíritu”, como rezaba el lema. Yo personalmente he experimentado ese poder del Espíritu en mi vida, he experimentado y disfrutado la gran dicha de ser cauce de su gracia, ser utilizado por Cristo para derramar sus bendiciones. Sólo he recibido amor, mucho amor. Sólo he experimentado compasión y misericordia. Solamente he sido testigo privilegiado del Amor de Dios por mí y por cada uno de sus sacerdotes. Sólo su Amor.
Y un regalo muy muy especial, sentir la oración y el amor de tantos hermanos que oran por los sacerdotes, nos sostienen y alientan cada día con su oraciones y sacrificios por nuestra vida.
Uníos a mi alabanza por el gran regalo del ministerio, por el gran regalo de la renovación, por el inmenso regalo del “Ministerio Nacional de Sacerdotes”, por los hermanos que el Señor cruza en mi camino, por el regalo de tanto amor a los sacerdotes. Gracias Señor, porque solo puedo esperar amor, gracias Señor, porque me llenas de tu amor.
Juan Mena Jurado – Presbítero