Domingo 26º del T.O.
¡TAMBIÉN NUESTRA ACCIÓN!
A Dios le encanta que tengamos una visión de las cosas parecida a la suya y nos la quiere comunicar. Pero no le basta que pensemos como Él; nos exige también que practiquemos obras, acciones y trabajos, en colaboración y cooperación con Él. Dios no nos hizo autómatas, sino seres libres y capaces de decisión y acciones responsables. No le basta con que creamos en Él y en sus palabras. También los demonios creen y dicen que Jesús es el Hijo de Dios, pero sus obras son malas.
Dios quiere que pongamos obras de justicia, colaborando con su gratuidad y con su amor. No basta decirle a Dios: «Voy, Señor», a tu viña, y luego no voy (Mt 21,30). Tengo que ir a su viña con esfuerzo personal y libre y realizar acciones de conversión y de Justicia (Ez 18,27), actos de arrepentimiento y obras nacidas de la fe. Dios nos exige «obras» buenas y no sólo buenas razones y bellos discursos o invitaciones a la pasividad irresponsable.
Tenemos que creer en el perdón de Dios y además hemos de arrepentirnos (Mt 21,32) como lo hicieron muchos publicanos y prostitutas. El «sí» del arrepentimiento lo pone nuestra libertad que Dios no violenta con su gratuidad.
Obras quiere Dios para salvarnos. «Cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida» (Ez 18,27). ¡Obras santas quiere Dios! Él nos manda «buscar no el propio interés sino el de los demás» (Flp 2,4), trabajar por la unidad en un mismo amor y sentir (Flp 2,2); rebajarse hasta la muerte en el servicio de Dios y de los otros, como Cristo lo hizo (Flp 2:8) y hacer obras que colaboren a la redención universal de Cristo y que den gloria a Dios.
Señor Jesús: renueva nuestras obras y nuestras actuaciones con tu Santo Espíritu. Santifícanos para que nuestras acciones colaboren a la edificación de tu Reino y Te den gloria. Amén.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.