Domingo 10 de septiembre

10.09.23

Domingo 23º del T.O.

LA CORRECCIÓN FRATERNA

El vigilante no ha de mirar sólo desde su atalaya (Ez 33,7) la llegada de los enemigos y los defectos de los demás. También ha de tener su mirada alerta para descubrir las presencias de Dios. Desde Dios se miran de otro modo los defectos y pecados de los otros.

Es Cristo mismo quien impone en su Iglesia y en la comunidad de los discípulos la corrección fraterna y la reprensión de los defectos que hacen daño a la comunidad (y no sólo a mí personalmente o a mi egoísmo).

La corrección profética era reclamada ya en el Antiguo Testamento. El profeta Ezequiel recibe este mandato de Dios: «Cuando escuches palabras de mi boca, les darás la alarma de mi parte» (Ez 33,7). El aviso fraternal ha de ser sugerido y reclamado por Dios (no por mi capricho ni mis opiniones personales). Cuesta mucho hacer la reprensión de parte de Dios, pero es inexcusable: «Si yo digo al malvado: ‘Malvado, eres reo de muerte’, y tú no hablas…, a ti te pediré cuenta de su sangre» (Ez 33,8).

La corrección fraterna brota del amor verdadero y se hace con amor: «Uno que ama a su prójimo no le hace daño» (Rm 13,10); sino que busca hacerle bien. «A nadie le debáis nada más que amor» (Rm 13,8). La reprensión fraterna se convierte así en un acto de amor.

¿Quién ha de hacer la corrección fraterna? En primer lugar, nuestro hermano mayor, Jesús Señor nuestro, que nos guía hacia el Padre. Su corrección es la verdaderamente eficaz: reprende y da gracia para enmendarse. Cristo delega su autoridad y sus ministerios con los hombres. Los constituidos en autoridad eclesial, en nombre de Cristo, han de hacer la corrección (Mt 18,15-17). Ellos reciben de Cristo poder espiritual para atar y considerar como pagano al que no se enmienda, y para desatar en nombre de Dios, al que se corrige (Mt 18,18).

La comunidad cristiana como conjunto de creyentes es también, en casos especiales, sujeto activo de la corrección fraterna: «Si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano» (Mt 18,17).

Señor Jesús: enséñanos a usar bien y a recibir con humildad y conversión la corrección de los hermanos. No nos dejes sin tu reprensión paterna desde el amor y la verdad.

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.