Domingo 7º de Pascua
La Ascensión del Señor
SUBIÓ A LO ALTO
«Cristo subió por encima de todos los cielos, para llenarlo todo» (Ef 4,10). Subir a los cielos o «subir a lo alto» (Ef 4,8.10) son expresiones equivalentes para manifestar la vuelta de Cristo al Padre (Jn 17,13) y su exaltación por encima de todo lo creado.
La frase «ascendió al cielo» (Hch 1,2) no significa que Cristo glorificado viva en un especial lugar celeste o cósmico, sino más bien que ascendió a las alturas de la divinidad, que es inalcanzable para los humanos que están en la tierra. Por eso, la misma divinidad es la nube que oculta a Cristo (Hch 1,9) de nuestras miradas.
Cuando Cristo despide a sus discípulos, que lo ven levantarse por el aire hasta que la nube lo arrebata de su vista, les está mostrando que no sólo es Señor del mar y de la tierra, sino que es también Señor del aire, de las alturas y del cielo a donde lleva cautiva la cautividad (Ef 4,8). Jesús dijo a sus apóstoles que «a donde Él iba, ellos no podían venir ahora» (Jn 13,36), durante el tiempo de su vida terrena. En efecto, mientras estamos en este mundo, no penetramos el cielo ni nuestro cuerpo levita y asciende por los aires, como un cuerpo glorioso, ni tiene capacidad de penetrar las moradas de la divinidad con visión gloriosa y beatifican te. No podemos ascender todavía adonde Cristo está glorificado.
Ahora, nos toca esperar en la tierra a «que el Espíritu Santo descienda sobre nosotros… para hacernos y ser testigos de Jesús hasta los confines del mundo» (Hch 1,8). Antes de penetrar el cielo de la divinidad, tenemos que ir a la tierra de los hombres para proclamar el evangelio a la creación (Mc 16,15) y para confirmar la palabra con los signos que la acompañan (Mc 16,20). «El Padre de la gloria nos dará espíritu de revelación y sabiduría para conocer perfectamente a Jesús» (Ef 1,17) y su fuerza poderosa para proclamarlo ante los hombres como aquél que está sentado a la derecha de Dios en el cielo (Ef 1,20). El que subió a lo alto es «el que está por encima de todo… no sólo en este mundo sino en el futuro» (Ef 1,21).
Creemos, Señor Jesús, que has sido exaltado por encima de todo, reconocemos tu Señorío y nos sometemos a Ti como a nuestro único Señor y Dios, te adoramos y te proclamamos Salvador nuestro ante todos los hombres y los principados, las dominaciones y las potestades.
«Yo, vuestro Señor y Dios, velo desde lo alto por vosotros y os asisto con mi amor, con mi misericordia y con mi luz. Sois mi Iglesia militante y peregrina, que lucháis para alcanzar mi Reino venidero. Veo vuestra fidelidad y me agrado en ella. La Iglesia triunfante os mira con amor y con ternura. Mi Madre y Yo os bendecimos desde el cielo, vuestra patria».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.