Domingo 14 de abril

14.04.24

Domingo 3º de Pascua

¡GLORIFICADO SEAS, CRISTO JESÚS!

Ante una mirada superficial parecería que Cristo fracasa en su obra: «Matasteis al Autor de la vida» (Hch 3,15). Pero la historia de Jesús no se cierra con su muerte: «El Dios de nuestros padres ha glorificado a su siervo Jesús» (Hch 3,13) por medio de la resurrección de su Hijo, por las poderosas acciones de Jesús, continuadas en sus discípulos, como en la sanación del paralítico (Hch 3,12), y por las apariciones a sus discípulos con su santísimo Cuerpo y con sus manos y sus pies, palpados por sus apóstoles después de su resurrección gloriosa (Lc 24, 39).

Cristo es glorificado también por nosotros cada vez que le reconocemos vivo y somos los testigos de su presencia entre nosotros (Lc 24,48). Cristo es glorificado en medio de nosotros, cuando luchamos y colaboramos con su gracia para no pecar (1 Jn 2,1). Cuando guardamos sus mandamientos (1 Jn 2,3), sin excluir ninguno, también le glorificamos con nuestras obras. Y Cristo es engrandecido cada vez que aceptamos la conversión y el perdón de los pecados (Lc 24,47).

Si el Padre glorificó a su Hijo, oficio nuestro es también glorificarle siempre y en todo momento. Hemos de glorificarle con nuestra fe en Él, firme y entregada. Hemos de glorificarlo cada vez que «borra nuestros pecados» (Hch 3,19) y cada vez que Jesucristo aboga ante el Padre (1Jn 2,1) por nosotros, los pecadores.

Te glorificamos, Jesús, cada hora en que nos ayudas a vivir en la verdad y en la guarda de tus mandatos (1Jn 2,4). Te glorificamos cada vez que Tú te revelas en la oración, en los sacramentos y en la inteligencia de las Escrituras Santas (Lc 24,45) y nos abres el entendimiento para comprender lo escrito acerca de Ti en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos (Lc 24,44). Y Te glorificamos cada vez que Te descubrimos vivo y actuante en la comunidad eclesial de los discípulos (Lc 24,36), que creen en Ti y Te aman.

¡Glorificado seas, Señor Jesús, en nuestras vidas y en nuestras acciones por los siglos de los siglos!

«Paz a vosotros (Lc 24,36), discípulos míos. A veces, juzgáis superficialmente sobre triunfos y fracasos. Mi muerte no fue una derrota; fue mi victoria sobre el pecado y sobre el maligno. Quiero daros entendimiento para que comprendáis las Escrituras y los acontecimientos de la vida con mi luz. Vivid en mi paz».

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.