Domingo 2º del T.O.
LA SALVACIÓN ESTÁ EN JESÚS
Acercarse a Jesús con fe y con amor es aproximarse a la fuente de nuestra verdadera salvación. Juan el Bautista ha conocido por revelación de lo alto que en Jesús está nuestra reconciliación y que Él es «el cordero de Dios» (Jn 1,36) y el único «que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29). El trato con Jesús y la intimidad con Él nos convierte en sus discípulos y en sus elegidos. Andrés y su compañero dejaron a Juan Bautista y se fueron con Jesús, «vieron donde moraba y permanecieron con Él aquel día» (Jn 1,39).
El renunciar a nuestros caminos de pecado, el permanecer con Jesús y comprometernos en el seguimiento de su Persona divina y entregarnos a Él, nos abre las puertas de la salvación. Podremos entonces decir con el apóstol Andrés: «Hemos hallado al Mesías, al Cristo» (Jn 1,41), al Ungido de Dios que nos libera y que nos salva.
Si permanecemos con Jesús, hemos de escuchar sus palabras de salvación y hemos de responder a su llamada con fidelidad, como lo hizo Samuel niño con el Señor: «La voz del Señor llamó a Samuel: ‘Samuel’. Él contestó: Heme, aquí (1 S 3,4). Volvió a llamarle el Señor por tres veces y la tres Samuel contestó. Heme aquí» (1 S 3,4.6.8). Nosotros también hemos decirle al Señor cada día y cada hora: «Aquí estoy», para hacer tu voluntad, para obedecer tu voz, para someterme a Ti como a mi único Señor y Salvador.
San Pablo nos amonesta: «No os poseéis en propiedad, porque os han comprado pagando un precio por vosotros» (1 Co 6,19-20), la sangre redentora de Jesús, Así pues, hemos de someternos a Cristo, ofreciéndole todo lo nuestro: nuestro ser, nuestra alma y nuestro cuerpo y el de los demás, porque «el cuerpo no es para la, fornicación, sino para el Señor y el Señor para el cuerpo» (1 Co 6,13). También a nuestro cuerpo alcanzará la salvación de Cristo, que nos resucitó con su poder (1 Co, 6,14). El cuerpo ha de ser tratado con respeto, pues es «templo del Espíritu Santo (1 Co 6,19). Para que nos salvemos, hemos sido comprados al gran precio de la sangre de Cristo (1 Co 6,20) y somos suyos.
«Sólo cuando sois posesión mía, vivís con la dignidad propia de los que son hijos de Dios. Yo os he comprado con mi sangre. Yo soy vuestro Señor y Salvador. Venid a Mí los cansados del camino, que en Mí encontraréis descanso felicidad y salvación».
Señor Jesús: libremente Te entregamos todo nuestro ser, nuestro cuerpo y nuestra alma. Son tuyos por creación, por rescate y por dominio. Que lo sean también por nuestra consagración libre y total a Ti. Amén.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.