Domingo 18 de agosto

18.08.24

Domingo 20 del T.O.

LA COMIDA VERDADERA

Hay en el evangelio de hoy una invitación importantísima para el destino eterno del hombre, de modo que éste ha de comer la carne del Hijo del hombre y beber su sangre para tener vida eterna en él (Jn 6,53), para habitar en Cristo y que Cristo habite en nosotros (Jn 6,56), para resucitar en el último día (Jn 6,54) y para vivir por Cristo (Jn 6,57) y vivir para siempre (Jn 6,58). Ninguna otra comida puede producir estos efectos maravillosos de presencia de Dios y de vida eterna en nosotros. Otros manjares sólo sirven para la vida temporal. El manjar que es Cristo, perdura para siempre, y sin él no hay vida eterna. Se trata de un reto gravísimo. Por lo menos, deberíamos desear espiritualmente la recepción de este alimento esencial.

Damos gracias a Dios por la invitación inmerecida de Cristo a su banquete eucarístico: «Venid a comer mi pan y a beber el vino que os he mezclado» (Pr 9,5). Damos gracias al Señor por haber multiplicado sacramentalmente su presencia bajo especies de pan y vino, evitando aquella acusación judía de incitación a la antropofagia y a la bebida reprobada de todo tipo de sangre, animal o humana.

Estamos agradecidos a Dios por todos los mensajeros, que nos invitan al banquete celeste (Pr 9,3) y eucarístico de Dios: los profetas y los apóstoles de Jesús, María Santísima en sus mensajes, Teresa de Jesús en sus escritos, Marta Robin o Margarita María de Alacoque con sus palabras y sus vidas eucarísticas. Damos gracias incesantes a Jesús por el don de su Eucaristía, recibida tantas veces…

Y manifestamos al Señor nuestro dolor por los millones de hombres y mujeres que no conocen la invitación al banquete de Dios y no comen su pan de vida eterna con el riesgo de un hambre inextinguible. Pedimos por ellos, para que por lo menos puedan recibirlo espiritualmente en una iluminación final en el último momento de sus vidas.

Celebramos también constantemente la Eucaristía ante el Dios Padre de todos en nombre de nuestro Señor Jesucristo (Ef 5,20). En la acción de gracias de la Misa pedimos por todos los que no conocen ni comen el manjar de Cristo. Que todos algún día puedan alimentarse sacramentalmente del Cuerpo y la Sangre de Cristo; que puedan vivir en Él y Cristo en ellos; que no pasen hambre y sed sin el pan y el vino que dan vida eterna. Y que el Cuerpo de Cristo sea para todos prenda de resurrección futura y gloriosa.

Gracias, Jesús, una vez más por el Sacramento de tu intimidad, de tu Cuerpo y de tu Sangre. Nunca sin tu amor hubiéramos podido vivir don tan sublime. Nos unimos a Ti espiritualmente en todas las Eucaristías, que cada hora se celebran en el mundo.

«Venid a comer mi pan ya beber el vino que he mezclado. Mi pan es mi Cuerpo y mi Persona. Mi bebida es mi sangre, que engendra mártires y vírgenes. Acudid a mi banquete de amor y de unidad para que seáis pueblo unificado en Mí, Iglesia unida y alimentada con mi Cuerpo y con mi Sangre».

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.