Domingo 8ª Semana
EL DIÁLOGO SEGÚN DIOS
Dios es por esencia diálogo intratrinitario, que por amor se convierte en diálogo exterior hacia sus hijos, los hombres. Dios siempre está dispuesto a comunicarse con nosotros. El hombre, creado a imagen de Dios, es también un ser dialogal, capaz de comunicarse con Dios y con sus semejantes. Nuestro diálogo con Dios y con los otros puede estar lleno de imperfecciones y desaciertos por nuestras limitaciones personales y estamos lejos de resistir un examen riguroso de Dios: «cuando el hombre es examinado, deja sus desperdicios» (Si/Eclo 27,5).
En el diálogo, «las palabras muestran la mentalidad del hombre (Si 27,7); por eso, «el hombre no puede ser alabado antes de que razone (Si 27,8). Necesitamos el aprendizaje con Jesús como maestro (Lc 6,40) para parecernos a Él en el diálogo y en la vida. Así, aprenderemos a dialogar y a vivir según los criterios y los baremos de Dios. No podemos ser como «un ciego que guía a otro ciego (Lc 6,39). Necesitamos una mente, llena de la luz y la verdad de Jesús. Tendremos que mirar y valorar las cosas y las personas con los ojos de Dios, que nos mira y nos juzga con amor, con compasión y verdad, aprendiendo a descubrir lo bueno que Él ha puesto en cada uno de nosotros. Con Jesús aprenderemos a anteponer lo positivo a lo negativo y a orar para que el Señor destruya en mí y en los otros lo que no le agrada y nos cure: «Sácate primero la viga de tu ojo y luego veras claro para sacar la mota del ojo de tu hermano» (Lc 6,42).
En cada Comunión Cristo viene a enseñarnos a dialogar con Él, a asimilar sus criterios y a crecer en santidad y en verdad en su presencia. Él nos dará gratuitamente palabras de amor, de edificación, de verdad y de vida (Jn 6,68). Si en nuestro diálogo con los demás logramos trasmitir la palabra y la verdad de Dios, nuestro mensaje se volverá constructivo, salvífico, multiplicador de frutos buenos de amor, de comprensión, de benignidad. «Que nuestro corazón rebose de Ti, Señor, para que nuestro corazón, nuestra boca y nuestros labios sepan anunciarte y trasmitirte».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo C (Ceferino Santos S.J.)