Domingo 20º del T.O.
LLAMADA A TODOS LOS PUEBLOS
Hasta la llegada de Jesús, el pueblo de Israel se aislaba en sí mismo para protegerse del paganismo circundante y preservar intacta su fe. Después de la redención de Cristo, el mandato es diferente: «Id a todas las naciones» (Mt 28,19). «Me dirijo a vosotros los paganos» (Rm 11,13), proclamaba San Pablo. Tras una época de cierre doctrinal y defensa de la fe, llega la hora de la apertura para la evangelización de todos los pueblos.
El anuncio de la apertura a los paganos y gentiles resonaba ya en el tercer Isaías: «A los paganos que se alleguen a Yahveh para servirle …, Yo los llevaré a mi monte santo» (Is 56,6-7). Llegará un momento, y ya ha llegado, en que Jerusalén «será casa de oración para todos los pueblos» (Is 56,7b). A Jerusalén acuden hoy orantes y creyentes de todas las naciones de la tierra; pero aún falta mucho hasta que sea casa de oración mesiánica unida y ecuménica, Pedimos esa aceleración de la historia de la salvación y de la unidad en Cristo.
Jesús en el evangelio de hoy inicia su apertura a los paganos, atendiendo en el territorio de Tiro y de Sidón a una cananea (Mt 15,21-22), que acudió a Él, llena de fe, para pedirle por su hija endemoniada. Desde ese momento «las migajas de la mesa de los hijos» (Mt 15,27) empiezan a llegar a los paganos y la hija de la mujer sirofenicia recobra la salud: «Mujer, ¡Qué grande es tu fe! Que te suceda lo que pides» (Mt 15,28).
San Pablo, el apóstol de la apertura cristiana a los gentiles, se compromete ante Dios: «Mientras sea apóstol de los gentiles haré honor a mi ministerio» (Rm 11,13). Juan Pablo II ha hecho honor a su ministerio petrino, con su apertura evangelizadora a innumerables pueblos y ha dado un ejemplo fehaciente a los evangelizadores de sillón y de despacho. Hoy, también los creyentes laicos, mujeres hombres, están llamados a evangelizar de palabra y de obra y con sus vidas testimoniales en todos los ambientes (Teresa de Calcuta y Chiara Lubich; Kiko Argüello y Jean Vanier…).
Tenemos un mandato y un ministerio de evangelizar a todos los pueblos. El anuncio de Jesucristo, que murió por todos los hombres, ha de ser difundido sin cesar y sin cansancio hasta que todos lleguen al conocimiento de la verdad de Cristo, que nos salva. ¿Estamos satisfechos con nuestro trabajo evangelizador? ¿A quiénes alcanzamos con nuestro mensaje acerca de Jesús? ¿Seguimos sentados en nuestro sillón esperando que un ángel nos llame a evangelizar? ¿En qué tenemos que cambiar como creyentes y evangelizadores? Espíritu Santo: guíanos a una nueva evangelización. Amén.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.