Domingo 29 del T.O.
NOS AUXILIA OPORTUNAMENTE
Cristo está vivo y realizando el gran trabajo que el Padre le encomendó: que todos crean en Aquél que ha enviado el Padre. La misión de Cristo es un envío misionero que nunca debe cesar. Cristo, nuestro modelo, «entrega su vida como expiación» (Is 53,10), y consigue que lo que el Padre «quiere, prospere por sus manos» (Is 53,10b). El pasa trabajos duros en su alma y en su cuerpo, y con lo aprendido justifica a muchos y carga con sus crímenes (Is 53,11).
Son las obras y los trabajos de Cristo los que nos justifican, no los nuestros. Él es quien nos salva y paga con su vida la expiación debida a nuestros pecados. Nadie puede quitar a Cristo el protagonismo salvífico de nuestro pastoreo y redención. Él es el Sumo Sacerdote que ha atravesado el cielo (Hb 4,14) y puede introducirnos en su descanso y auxiliarnos desde su trono de gloria. No estamos indefensos en medio de las dificultades de la vida, sino que tenemos un Sumo Sacerdote y Valedor, «capaz de compadecerse de nuestras debilidades» (Hb 4,15). «Nos acercamos con seguridad a su Trono de gracia para obtener misericordia y encontrar la gracia que nos auxilie oportunamente» (Hb 4,16). Sin Él, nada podemos en el orden de la gracia. De Él esperamos siempre la ayuda oportuna en los trabajos de la evangelización y del crecimiento eclesial.
A ejemplo de Jesucristo nos ponemos al servicio de nuestros, hermanos y del Padre celestial. Nos ofrecemos a beber el cáliz de dificultades que Él tuvo que beber (Mc 10,38) en su pasión y en su vida mortal. No nos llama Cristo «a sentarnos a su derecha o a su izquierda» (Mc 10,40), sino servir a los que están a la derecha y a la izquierda de Cristo y en su entorno, sin hacer distinciones humanas y confiados en la ayuda de Cristo y de su Espíritu y haciéndonos «esclavos de todos» (Mc 10,44).
Señor Jesús: Tú no has venido para que Te sirvan, sino para servir y dar la vida en rescate por todos (Mc 10,45). Ayúdanos a servir a los tuyos para que todos se salven. Danos amor al servicio sacrificado por tu gente, que son todas las razas de la tierra. Envía a tus apóstoles por todos los rincones del mundo. Y que tu Madre María nos acompañe como Maestra de la evangelización eficaz y salvadora.
«Yo, vuestro Señor, quiero una nueva primavera de evangelización en todos los pueblos de la tierra como no se ha conocido nunca. Derribaré muros de intolerancia y fanatismo, y daré una audacia nueva a mis evangelizadores reunidos a una. Id a mi viña del mundo. Os quiero activos, unidos y valientes».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.