Domingo 21 de abril

21.04.24

Domingo 4º de Pascua
JESÚS ME PASTOREA

La Iglesia necesita pastores santos y llenos de Dios, que guíen, alimenten y cuiden a su pueblo. Por eso, hoy la Iglesia celebra la Jornada Mundial de las vocaciones, mientras recuerda en el evangelio la función de Cristo, como el único buen Pastor, que tiene que velar por los hombres de todos los tiempos y de todas las naciones para que tengan vida en abundancia (Jn 10,10).

Otros pastores secundarios, elegidos por el Señor, pastorean a unos cuantos hombres y sólo por unos años. Jesús, en cambio, es el Pastor supremo y eterno que nos pastorea sin descanso a través de los siglos. Nos gustaría seguir a Cristo en la eternidad para continuar con Él pastoreando continuamente a los hombres alejados de la vida y de la verdad. ¡Son tan pocos los años nuestros del pastoreo terreno! Quisiéramos acompañarte, oh Cristo, a lo largo de los siglos en tu maravilloso y santo pastoreo. Tú penetras el corazón y el misterio de cada hombre y nos dices: «Yo conozco a las ovejas mías y las mías me conocen» (Jn 10,14). Nosotros no penetramos las profundidades del hombre y pastoreamos deficientemente. En cambio, Tú nos conoces a la perfección: «Yo sé, -escribe José Mª Cabodevilla-, que, aunque estuviera en el último extremo de la tierra, perdido en medio de una inmensa muchedumbre, Cristo pastor me reconocería inmediatamente y pronunciaría mi nombre» (365 Nombres de Cristo, p. 332).

Cristo, como Buen Pastor, «da la vida por sus ovejas» (Jn 10,11) y así consigue que nosotros recibamos vida de hijos de Dios, como Él: «Queridos: ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos» (1Jn 3,2), como cuando con el Buen Pastor y el Hijo bien amado obtengamos la herencia plena y la glorificación de los hijos.

Mientras tanto, acudimos «al único nombre que puede salvarnos» (Hch 4,12), a Jesús, «el Nombre sobre todo nombre» (Flp 2,8). Él es el Nombre con mayúscula, el Innombrable, que reúne en Sí todos los nombres. Y no queremos que haya otro nombre grabado en nuestro corazón sino el suyo, y no anteponemos en nuestras vidas otro nombre al nombre supremo y sacrosanto de Jesús, ante el que huyen los demonios.
Le llamamos también a Cristo «Piedra angular» (Hch 4,11), porque es el único que nos sostiene en la fidelidad a Dios. Sin Cristo, piedra angular, nos derrumbaríamos sin poder resistir los embates del mal.

Te pedimos, Señor Jesús, que nos des pastores iluminados y santos que Te proclamen a Ti como piedra angular de todo lo que dura para la vida eterna, como el único Nombre que nos salva, como el Buen Pastor, que nos alimentas con tus palabras de vida sin término, con tu Cuerpo, con tu Sangre y con tu Divinidad. Jesús, Tú me pastoreas. Yo voy Contigo hasta el fin. Amén.

«Yo estaré también con vosotros hasta el fin y no os abandonaré. Soy vuestro buen Pastor, santo y responsable de cada uno de vosotros. Mirad a mis hijos, dispersos y descarriados que van camino de la perdición y andan como ovejas sin pastor. Orad por ellos y buscadlos en mi nombre. Quiero daros pastores según mi corazón».

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.