Domingo 22 de octubre

22.10.23

Domingo 29º del T.O.

ENVIADOS A EVANGELIZAR

La Iglesia dedica todos los años el penúltimo Domingo de octubre para celebrar la Jornada mundial de las misiones y de los misioneros cristianos. Es la Jornada de los que son enviados para anunciar al único Dios y Padre de amor y a su Hijo Jesús salvación nuestra en medio de los increyentes. Es Jornada para pedir por los continuadores de la «misión de Cristo, confiada a la Iglesia» (Redemptoris Missio, 1), para que sea conocido el Dios único y verdadero, la salvación que nos dio en Jesús y el destino eterno y glorioso al que nos llama.

Rogamos a Dios que se manifieste ante el mundo «la actividad de nuestra fe» (1 Ts 1,3). La fe tiene el compromiso evangelizador de propagarla. Y así, la fe se fortalece, dándola a los otros (Redemptoris Missio, 2).

Dios busca nuevos enviados suyos, nuevos ‘Ciros’, a quienes lleve de su mano (Is 45,1) para que las gentes «sepan de Oriente a Occidente que no hay otro fuera de Dios; que Él es el Señor y que no hay otro» (Is 45,6). Pedimos con el Salmista que «todas las familias de los pueblos aclamen al Señor, a la gloria y al poder del Señor» (Sl 95,7). Pedimos que los enviados o misioneros de Jesús anuncien las buenas noticias de salvación no sólo «con palabras, sino con la fuerza del Espíritu Santo y con convicción profunda» (1 Ts 1,5). Que sean misioneros que manifiesten al Salvador de los hombres con el testimonio de sus vidas, siendo totalmente del Señor como San Francisco Javier o San Cirilo y San Metodio.

La moneda del César llevaba grabado el nombre del César Augusto y su rostro (Mt 22,20-21). Por eso aquella moneda pertenecía al César. El evangelizador, posesión de Dios desde su bautismo y su confirmación, tiene grabada en su alma y en su frente el signo de Jesús y el sello de su Espíritu (2 Co 1,22; Ap 7,3). El rostro de Cristo ha de transparentarse en la vida y en el testimonio del evangelizador.

Padre, que enviaste al mundo a tu Hijo Jesucristo: envía nuevos y grandes evangelizadores para el milenio que comienza. Que «el Espíritu Santo actúe en los apóstoles y, por su medio y al mismo tiempo, también en los oyentes» (Redemptoris Missio 21) para que los enviados a predicar por todas partes salgan y el Señor colabore con ellos (Mc 16,20) de modo eficaz y carismático cada hora y siempre. Que así sea.

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.