Domingo 23 de junio

23.06.24

Domingo 12 del T.O.

SEÑORÍO UNIVERSAL

El Señorío de Cristo sobre la creación y sobre el hombre no es como el dominio de los reyes de la tierra, que está limitado por unas fronteras geográficas y por unos límites constitucionales y jurídicos y por las leyes naturales de la decadencia y de la muerte. Nadie en la tierra tiene un señorío universal y durable, sino Dios y su Cristo: «Su reinado durará para siempre» (Lc 1,33).

El Reinado de Dios se extiende al mundo de lo material; al mar, a la tierra y al abismo: «Le impuse al mar un límite con puertas y cerrojos y le dije: Hasta aquí llegarás y no pasarás; aquí se romperá la arrogancia de tus olas» (Jb 38,10-11). El Señorío de Cristo alcanza a las olas que se levantan furiosas y al viento tormentoso, que sopla y se calma al mandato de su voz (SI 107,25). El mismo huracán y el oleaje escuchan esta voz, cuando Cristo les dice en el lago: «¡Silencio, callaos!» (Mc 4,39). Y el viento cesó y vino una gran calma. Jesús extiende el poder de su Señorío a los elementos naturales.

Cristo desea, sobre todo, ejercer su dominio universal sobre el hombre y en todas las zonas de su ser. Quiere dominar sobre los afectos y temores de los hombres, que se ven amenazados por la furia de los elementos y de los hombres; «Maestro, ¿no Te importa que nos hundamos?» (Mc 4,39). Incluso cuando naufragamos, Cristo sigue siendo Señor de nuestra vida y de nuestra muerte, lo mismo que cuando nos salva, extendiendo su brazo fuerte y su mano poderosa.

Cristo quiere ejercitar su señorío sobre nuestras vidas, para que «no vivamos para nosotros mismos, sino para el que murió y resucitó por nosotros» (2 Co 5,15). Cristo quiere gobernar en todo nuestro ser haciendo de nosotros una criatura nueva (2 Co 5,17). Desea Cristo mandar en nuestras inteligencias, cambiando nuestras valoraciones humanas y juicios según la carne, que fue como Pablo juzgó a Cristo en sus comienzos (2 Co 5,16). Luego Pablo le valoró desde el Espíritu como su Señor, su Dios y su Todo y a Él se sometió plenamente. Cristo llegó a ser el Señor de su voluntad y de sus acciones y decisiones.

Reconocemos, Señor Jesús, tu Señorío sobre el mundo y sobre los hombres. Toca con tu gracia nuestras voluntades para que libremente nos sometamos a Ti. «A Ti yo me rindo; Te adoro también, Dueño absoluto. Amén, Amén».

«Pedid por los hombres rebeldes, que no aceptan el señorío universal que el Padre me concedió sobre todo lo creado. No imitéis a los ángeles caídos que se rebelaron contra mi Señorío. Someteos gozosos a Mí, que servirme a Mí es reinar».

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.