Domingo 25 de agosto

25.08.24

Domingo 21 del T.O.

SERVIREMOS AL SEÑOR

Los judíos se habían comprometido solemnemente con Moisés a servir a Yahveh. Como el hombre es olvidadizo, unos años después, según la pedagogía religiosa de las repeticiones, Josué vuelve a renovar la alianza del pueblo con Dios: «Yo y mi casa serviremos al Señor» (Jos 24,15b). La Iglesia sigue esta pedagogía cuando renovamos las promesas del bautismo en la Confirmación, y cuando en cada vigilia de Pascua reiteramos nuestra fe y nuestro compromiso con Cristo como único Señor y Salvador. «Lejos de nosotros abandonar al Señor» (Jos 24,16). Si a pesar de renovar nuestras promesas bautismales, tendemos a ser infieles y tibios ¿qué pasaría si no renováramos con frecuencia nuestros compromisos de fidelidad con Dios.

Según San Pablo, o según el paulino autor de la Carta a los Efesios, el compromiso matrimonial es un compromiso para siempre, como es la unión de Cristo con su Iglesia en un solo Cuerpo (Ef 5,30). Dada la fragilidad humana y la infidelidad matrimonial rampante, el compromiso matrimonial debería renovarse periódicamente en paraliturgias de parejas, donde los esposos repetirían sus promesas de amor. La Carta a los Efesios exige sumisión mutua de los contrayentes con respeto cristiano. Se exige sumisión de la mujer al marido (Ef 5,24) y a los maridos se les manda que amen a sus esposas como Cristo ama a su Iglesia (Ef 5,25). Ningún marido sin la ayuda de Dios podrá alcanzar la altura de este amor. La opción del marido por su esposa es incondicionada, como la decisión de Cristo por su Iglesia es incondicionada y estable.

Muchos judíos no quisieron aceptar a Cristo ni tampoco que un «galileo», según ellos, fuera «pan venido del cielo», y mucho menos que tuvieran que comer ese pan para salvarse. La ingestión de carne o de sangre humana estaba prohibida a los judíos, que no quisieron entender que Cristo se les iba a dar bajo especies de pan y vino. Por eso, abandonaron su compromiso de seguir a Cristo y lo dejaron (Jn 6,66).

«Elegidme a Mí como vuestro único Dios y Señor. Entregaos a Mí y no lo lamentaréis nunca. Tendréis verdad y vida eterna Conmigo. Orad por los que se olvidan de Mí y me rechazan, pues corren el riesgo de perderse para siempre».

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.