Domingo 27 de octubre

27.10.24

Domingo 30 del T.O.

TU FE TE HA CURADO

La fe en Jesús es un don divino que ilumina la ceguera teológica de los hombres. Sin la fe no distinguimos el camino de Dios. Bartimeo, el ciego de Jericó (Mc 1O,46), al oír que por allí pasaba Jesús, se pone a gritar: «Hijo de David, ten compasión de mi» (Mc 10, 47.48). El ciego llama de algún modo a Jesús poderoso para curarlo y compasivo para hacerlo. Es casi igual que llamarle Rey y Mesías. El Mesías debía ser Hijo de David y Rey, nacido de reyes. El ciego de Jericó estaba entrando en el camino de la fe, que reconoce a Jesús como Rey mesiánico y descendiente de David.

Cuando Jesús llama al ciego y le pregunta «¿Qué quieres que haga por ti?» (Mc 10,51a), el invidente contesta: «Maestro, que vea otra vez» (Mc 10,51b). Aquí la fe del ciego ha dado un paso más y reconoce al Mesías, no sólo como Rey con poder sobre su ceguera, sino también como Maestro de vida eterna. El ciego comienza a considerarse discípulo de tal Maestro. Cristo es doctor celestial, que con su doctrina y con su vida puede iluminar al ciego y a toda una humanidad que ignora los caminos de la verdadera salvación.

Cuando el ciego Bartimeo ve, su fe se aumenta. Cristo reconoce que su fe le ha curado (Mc 10,52); pero, al recobrar la vista, esta fe crece. El ciego comienza a seguir el camino y los pasos de Jesús. El nuevo vidente estaba pasando de creyente a discípulo.

La fe en Jesús nos va descubriendo otros aspectos de su personalidad divina. Por la fe sabemos que Jesús es el «Sacerdote eterno» (Hb 5,6), que se ofrece en sacrificio por nosotros. Sabemos por la fe que su sacrificio tiene valor eterno, porque es la ofrenda del Sacerdote, Hijo de Dios: «Tú, eres mi Hijo; Yo te he engendrado hoy» (Hb 5,5). Creemos que, gracias a Jesús, el Padre puede mirarnos a nosotros como hijos, nacidos a Dios por la fe: «Seré un Padre para Israel, Efraín será mi primogénito (Jr 31,9). Al sentirnos hijos de Dios, podremos recorrer su camino (Jr 31,8b).

Padre: haznos hijos con tu Hijo primogénito. Aumenta nuestra fe en Jesús, tu Unigénito, tu Mesías, el Ungido por el Espíritu y el Maestro de vida eterna. Haz que Le sigamos siempre.

«Yo, Jesús, quiero sanaros en el cuerpo y en el alma para que Me sigáis en fe. Ilumino vuestros ojos oscurecidos; fortalezco vuestros pies vacilantes, Seguidme con amor y con constancia. Sois mis discípulos y mis amigos».

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.