Domingo 28 de abril

28.04.24

Domingo 5º de Pascua

LOS QUE SON DE CRISTO

Los que son de Cristo permanecen unidos a Él por la fe, el amor y la acción sumisa y obediente. Él, en cambio, permanece en sus discípulos (Jn 15,4), como la vid (Jn 15,1) que está unida a sus sarmientos para que den fruto.

A los que son de Cristo se les conoce por sus obras. Pablo es recibido con recelo en Jerusalén por los creyentes, que le habían conocido como su perseguidor. Cuando vieron que tenía acciones de discípulo de Jesús y que «predicaba públicamente el nombre de Jesús» (Hch 9,28), supieron que no era ningún enemigo camuflado. Pablo progresaba en la fidelidad al Señor y la iglesia se multiplicaba, animada por el Espíritu Santo (Hch 9,31). También una iglesia que marcha bien se la conoce por sus buenas obras.

Todo cristiano verdadero «ha de amar no de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad» (1Jn 3,18). No bastan unas obras laicas y éticamente buenas, sino que han de estar hechas desde la fe y según la verdad que es Cristo. Buena es también la oración, pero no ha de hacerse desde el individualismo voluntarista, sino desde la fe en el nombre de Jesús, desde el amor comunitario a los demás (1Jn 3,23), y con la guarda de sus mandamientos y con las obras que le agradan al Padre (1Jn 3,22). Entonces, la oración que Cristo hace en nosotros es una oración comunitaria, de Cristo y mía, y se convierte en súplica infalible ante el Padre (1Jn 3,22).

En el evangelio de Juan se repite la misma lección. Cuando «permanecemos en Cristo y sus palabras permanecen en nosotros, lo que pidamos se realizará» (Jn 15,7). Se trata de una plegaria que no es sólo nuestra, sino de Cristo, que permanece en nosotros y con nosotros ora al Padre.

A los que son de Cristo se les conoce por sus frutos buenos: «El que permanece en Cristo y Cristo en él, ése da fruto abundante» (Jn 15,5), y esos frutos son buenos, porque los produce Cristo en el creyente. La «sinergia», esto es, la acción conjunta de Cristo y del discípulo produce maravillosos frutos de salvación y de santidad. La gloria del Padre consiste en que demos mucho fruto (Jn 15,8) por esa acción conjunta de Cristo con nosotros. Cuando nuestras acciones y nuestros frutos son buenos, es que somos de Cristo y su bondad se manifiesta en nuestras obras.

¡Oh Cristo, únenos a Ti como sarmientos a la vid! Haz que demos buenos frutos. Que tu Padre pode (Jn 15,2) todo lo que estorba para que llevemos más fruto. Amén.

«Yo el Padre de vuestro Señor Jesús, también soy Padre vuestro. Me dais gloria con vuestras obras buenas, en las que os unís a mi amado Hijo Jesús y con Él actuáis, oráis, trabajáis y vivís. Vosotros sois míos, porque pertenecéis a mi Hijo, que está en Mí y en Mí vive desde siempre. Yo os uno a mi Hijo Jesús y en él os acojo, os escucho y os amo».

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.