Domingo 22º del T.O.
LA PALABRA ERA FUEGO ARDIENTE
La Palabra de Dios es un fuego poderoso, selectivo y controlado. Para el profeta Jeremías la palabra de Dios «era en sus entrañas fuego ardiente» (Jr 20,9). El profeta intentaba contenerla y no podía. La palabra de Dios era en él fuego selectivo, que abrasaba el temor del profeta y sus resistencias humanas para hablar y transmitirla. La palabra del Señor era más fuerte que los miedos del profeta. Salía de él como fuego ardiente para purificar al pueblo y apartarlo de sus malos caminos. Pero el pueblo se resistía; no aceptaba el fuego de la Palabra y la rechazaba: «La palabra del Señor se volvió para mí oprobio y desprecio todo el día» (Jr 20,8b).
Cuando el hombre acepta el fuego de la palabra de Dios, ésta destruye sólo selectivamente al hombre viejo, y deja purificado al hombre nuevo que la recibe. Y al consumirse el hombre viejo sobre las brasas encendidas, como el corazón del pez en el libro de Tobías, -dice San Juan de la Cruz- que se estrica y se, aleja todo género de demonios (Llama de amor, 6,8). «Quítate de mí vista, Satanás, que me sirves de tropiezo» (Mt 16,23).
La Palabra de fuego quema como un holocausto al hombre viejo y el hombre nuevo queda preparado para ofrecer a Dios su cuerpo «como hostia viva, santa y agradable a Dios» (Rm 12,1). El creyente empieza a ser iluminado con el fuego del Espíritu Santo y queda «renovado en su mente para discernir lo que es voluntad de Dios, lo bueno, lo agradable, lo perfecto» (Rm 12,2).
Cristo Palabra de Dios viva, es también fuego que ha venido al mundo y que desea que arda. Él, revestido con nuestros pecados, fue purificado en el fuego de su pasión para que nosotros tuviéramos vida. Él quiere que ardamos en el fuego de su Palabra y que lo trasmitamos al mundo. El que Pierda su vida vieja por Cristo (Mt 16,25), fuego de Dios, la encontrará unida a la de Cristo y hecha llama de amor y fuego santo de Dios. La llama de Cristo es fuego que causa dolor y muerte primero y luego resurrección y vida. Y no se puede jugar con la vida nueva que Dios nos ofrece.
¡Inflámanos, Jesús, en la llama de tu Espíritu!
¡Que no rechacemos más el fuego selectivo y purificador de tu Palabra!
Incéndianos con tu llama para que seamos todos juntos Contigo una sola luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. Amén.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.