Domingo 13 del T.O.
VIVIENDO EN LA ESPERANZA
La fe no es un elemento mágico, sino una disposición sobrenatural de confianza plena en Dios y en su Hijo Jesús. Nos fiamos de Jesús y del Padre, que nos dan seguridad, paz y bendiciones para el cuerpo y para el alma. Necesitamos continuamente apoyarnos en Dios desde nuestra condición de hombres limitados, pobres y pecadores.
Frente a la enfermedad que nos alcanza, tenemos que apoyarnos en el Autor de la salud y de la vida. Con la mujer enferma de flujos de sangre desde hacía doce años (Mc 5,25) y sin curación tras el largo tratamiento médico, acudimos a Jesús para tocar con fe la orla del manto de su divinidad misericordiosa y compasiva (Mc 5,27-28). Anclados en la confianza firme en Jesús sabemos que «de Él sale fuerza» sanadora (Mc 5,30).
Como sabemos que «Dios no hizo la muerte ni se recrea en la destrucción de los vivientes» (Sb 1,13), acudimos al Autor de la vida en nuestras muertes y enfermedades, porque poderoso es Él para decirnos como a la niña muerta: «Contigo hablo; levántate» (Mc 5,41). A Dios todopoderoso y a su Hijo Jesús nos acercamos con seguridad y reverencia y les aceptamos como al Dueño de la vida, de la enfermedad y de la muerte, para que en todas las circunstancias su santo Nombre sea glorificado en nosotros.
Dios mismo, que quiere ayudarnos y socorremos, quiere también que nosotros nos ayudemos los unos a los otros y que seamos solidarios de las necesidades y limitaciones de los demás. San Pablo en su carta a los Corintios nos exhorta a la ayuda mutua, al servicio sacrificado y al amor con obras en favor de los necesitados. Dios nos enriquece a nosotros «en la fe, en la palabra, en el conocimiento, en el empeño y en el cariño» (2 Co 8,7) para que «nuestra abundancia remedie la falta que otros tienen» (2 Co 8,14). Dios, que es inmensamente rico, nos enriquece con su pobreza, para que nosotros aprendamos a compartir desde nuestra pobreza y abundancia.
Te damos gracias, Señor, por todos los dones que nos has dado de todo orden, natural y sobrenatural. Te damos gracias porque nunca nos has abandonado. En vida y en muerte queremos confiar siempre en Ti. De Ti lo esperamos todo; pero también queremos esperar ayuda de la compasión generosa que pones en el corazón de los hermanos, que quieren Contigo construir un mundo mejor.
«Vosotros, mis discípulos, sed ayuda y cimiento para otros. Os pido que soportéis su peso y sus carencias. Salid de vosotros mismos, como Yo lo hice, para servir y ayudar a mis pobres en el cuerpo y en el espíritu. Sed testigos de mi verdad y de mi amor. Sed cimiento y ayuda para los otros. Yo, que os elegí, os envío».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.