Domingo 17 del T.O.
QUE EL ESPÍRITU RENUEVE
No acertamos nosotros solos a mejorar y a corregir nuestras vidas, nuestro entorno y nuestras conductas. Necesitamos la ayuda de Dios para cualquier cambio profundo. San Pablo nos exhorta: «Dejad que el Espíritu renueve vuestra mentalidad» (Ef 4,23). Ninguna transformación radical puede darse en el hombre sin la actividad prioritaria del Espíritu de Dios, que nos renueva. El Espíritu Santo nos aparta «de la vaciedad de nuestros criterios» (Ef 4,17). Él puede cambiar nuestro espíritu de protesta y de incomprensión ante los planes misteriosos de Dios en obediencia iluminada y en conocimiento de la presencia divina en medio de todos los acontecimientos, favorables o adversos.
Los israelitas salidos de Egipto clamaban ante Moisés y Aarón: «Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda la comunidad» (Ex 16,3). El Señor les concedió «pan del cielo» (Sl 78,24), y el pueblo cambió de mentalidad y supo que Dios podía ayudarles en sus graves problemas. El Espíritu Santo puede mejorar nuestra mentalidad y nuestra conducta y preparar nos para vivir según los planes de Dios.
La gente buscaba a Jesús también por motivos rastreros: «Me buscáis porque comisteis pan hasta saciaros» (Jn 6,26). Cristo, en cambio, les orienta para que «trabajen por el alimento que perdura y da vida eterna» (Jn 6,27). Sin la ayuda del Espíritu nunca sabremos cuál es el verdadero pan que perdura ni cómo conseguirlo: «Es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo» (Jn 6,32). ¡Pan de la Palabra y pan de la Eucaristía para el camino de nuestro destierro, que se nos comunica desde la fe y por el amor!
Dependemos en nuestra vida espiritual del Padre y del Espíritu. Sin ellos no cambiaremos a mejor; sin ellos no podremos «revestirnos de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios, en justicia y santidad verdaderas» (Ef 4,24). Éstas son las trasformaciones radicales e importantes, que puede realizar el Espíritu de Dios en nosotros.
Ven, Espíritu Santo, y renueva nuestra mentalidad y nuestro ser en santidad y en justicia verdaderas. Cambia nuestro mundo de injusticias y de violencias en un mundo de amor, de sanación y de paz. Mejora nuestra conducta pecadora.
«Os hice a mi imagen y semejanza. El pecado desfiguró mi sello divino en vosotros. Os he dado a mi Hijo divino. Os he dado mi gracia abundante. Ella basta para transformaros en hijos míos, renovados en santidad y según la imagen de mi amado Hijo Jesús».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.