Domingo 5º del T. O. (Ciclo B)
IDENTIFICADOS CON CRISTO
El creyente busca una identificación mística y de fe cada vez mayor con Cristo, su Señor. Si Cristo busca la salvación y sanación de los hombres, nosotros, unidos a Él debemos buscar y procurar lo mismo. Con Él tendremos que imponer las manos y estrechar las de los enfermos para que Cristo los conforte y los cure, como a la suegra de Simón Pedro, a la que «la tomó de la mano y la levantó» sana y sin fiebre (Mc 1,31). Cristo, con su santa voluntad unida a la de su Padre, «curaba a muchos enfermos de diversos males» (Mc 1,34) y con su palabra «expulsaba demonios» (lb.).
Tenemos que unirnos espiritualmente a la voluntad de Cristo para salvar y sanar a los otros, según el querer y la voluntad Padre. Cuando queremos lo mismo que Cristo quiere, estaremos más identificados con Él y haremos mejor las maravillas que Él quiere hacer. Cuando nuestras palabras transmitan con verdad las de Cristo entonces podrán convertirse en palabras de sanación y de bendiciones. Al hablar lo que Cristo habla, nuestro yo va a enmudecer y diremos con poder su mensaje de salvación: «Ay de mí si no anuncio el Evangelio (1 Co 9,16). Son las palabras de Cristo las que perdonan, las que sanan y salvan y expulsan los demonios (Mc 1 34)
También la oración de Cristo por nosotros es sanadora: «Se marchó al descampado y allí se puso a orar» (Mc 1,35). Cuando nos unimos a la oración de Cristo por la humanidad en su soledad, en la Cruz o en las Eucaristías, en sus sagrarios o junto al trono del Padre, nuestra oración se hace como infalible, porque está unida e identificada con la de Cristo. Entonces es cuando suceden maravillas.
Sin una unión grande con Cristo, seríamos como esclavos encadenados en la sombra (Jb 7,2) y nuestros meses serían baldíos (Jb 7,3) y se consumirían sin esperanza (Jb 7,6). Gracias a nuestra unión con Cristo, participamos de sus bienes (1 Co 9,23), oramos con su oración, sanamos con Él, queremos lo que Él quiere y hacemos lo que Él hace; renunciamos a que actúe nuestro hombre viejo y dejamos que Cristo actúe y cure a los enfermos de distintos males. Queremos tomar parte con Cristo en los duros trabajos de la Evangelización pues con Cristo se tornarán eficaces y fecundos. ¡Jesús, actúa en nosotros y con nosotros!
«Queridos míos: trabajad y evangelizad en unión de fe y de amor Conmigo. Juntos vayamos a las aldeas cercanas y lejanas para predicar también allí (Mc 1,38): Dad a conocer mi Evangelio, anunciándolo de balde, pues de balde lo recibisteis para vuestra santificación y salvación. Sed mis jornaleros sacrificados en la viña de mi Padre en días y noches de fatiga (Jb 7,3), hasta que llegue la hora del salario eterno y del descanso dichoso Conmigo».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.