Domingo 27 del T.O.
UNIDOS EN EL SEÑOR
La Iglesia ha comenzado a celebrar en este domingo 27º en 1996 los Encuentros mundiales de las familias con el Papa. En 1997 se celebró el 2º Encuentro mundial de familias en Río de Janeiro. A la Iglesia le interesa vitalmente la familia, porque le interesa también a Dios, que la planeó. Dios dijo: No está bien que el hombre esté solo (Gn 2,18). El hombre necesita una ayuda adecuada. Y su primera ayuda es Dios mismo, que sostiene al hombre e interviene en su vida. La segunda ayuda del hombre debería ser la mujer, que Dios hace igual al hombre: «ésta es hueso de mis huesos y carne de mi carne» (Gn 2,23), dice Adán de Eva, de modo que los dos sean una sola carne (Gn 2,24). No es bueno ni prudente cambiarle a Dios sus planes sobre el matrimonio y la familia.
No es posible que dure la unión del hombre y la mujer en una sola carne, si no aprendemos de la unión de Cristo, Hijo de Dios, con nuestra naturaleza humana de modo indisoluble. Dios que «consagró con sufrimientos al guía de la salvación» (Hb 2,10), a Jesús; reafirma la unión de amor del hombre y la mujer con pruebas y sufrimientos. Así, Cristo se hace cercano al matrimonio, y santificador y santificados proceden todos del mismo» (Hb 2,11).
Es Dios mismo quien une al hombre y a la mujer en matrimonio santo, que deja de ser cosa de dos, y pasa a ser un contrato trinitario entre Dios, el hombre y la mujer. «Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre (Mc 10,9). No se puede prescindir de Dios en el matrimonio sin peligro de ruina. De hecho, muchas veces el hombre y la mujer se separan de Dios y de sus cónyuges. Hay que orar insistentemente por los separados, por los que continúan en su matrimonio y por sus hijos. Todos necesitan la ayuda de Dios y de la Iglesia para perseverar en su unión.
Debemos llevar en oración a los matrimonios y a sus hijos hasta Cristo, para que los bendiga a todos, les imponga las manos y ore por ellos. Jesús a los niños «los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos» (Mc 10,16). Los pequeños han de ser los hombres del mañana y formarán los matrimonios del futuro. Por eso intercedemos por ellos e impetramos para ellos gracias en su futuro. Que Cristo, María, San José y el Padre celeste les bendigan a todos para que mejore el curso de la futura historia. Que la Sagrada Familia interceda por los presentes y futuros matrimonios para que puedan resistir victoriosos los embates del mal. Que nuestros padres, que formaron maravillosos matrimonios y familias cristianas en la tierra, intercedan por las familias y los matrimonios divididos o a punto de separarse, agobiados con graves problemas emocionales, relacionales y morales.
Ayúdalos, Señor Jesús, firme en tu alianza con nosotros; santifica las uniones del hombre y la mujer con tu gracia; santifica a las familias de la tierra para que ensayen ya aquí abajo la perfección de los componentes de tu Santa Familia celestial.
«En el cielo no habrá ya divisiones ni rupturas. Pedidme familias que sean ya ahora y aquí abajo un cielo en la tierra. ¡Cómo gozo cuando soy invitado a visitar familias unidas y santas y cuando me quedo a vivir con ellas.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.