Domingo 8 de octubre

8.10.23

Domingo 27º del T.O.

FRUCTIFICANDO CON CRISTO

A su debido tiempo el labrador espera el fruto de sus campos. También Dios espera de nosotros frutos buenos, como el viñador aguarda de su viña racimos maduros y no agrazones (Is 5,4). Dios esperó de Israel frutos de «derecho, y ahí tenéis: asesinatos; esperó frutos de justicia, y ahí tenéis: lamentos» ante las injusticias (Is 5,7). Los frutos del pecado son abundantes entre los hombres: injusticias, desenfrenos, lujuria, drogadicciones y borracheras, ira, asesinatos, robos y odios entre los hombres.

San Pablo aguarda que los creyentes den frutos buenos: verdad, justicia, pureza, amabilidad, buen ejemplo: «todo lo que es virtud y mérito, tenedlo en cuenta» (Fip 4,8). Es imposible que demos frutos maduros de santidad si no estamos unidos a la vid, que es Cristo: «Permaneced en Mí, para producir mucho fruto» (Jn 15,6).

Nuestros buenos frutos son propiedad exclusiva del Dueño de la viña, del Señor Dios nuestro. Si nos los apropiamos, cometemos una injusticia con Dios y con los hombres. Uno que se atribuya a sí los méritos de las obras buenas, no da gloria a Dios y defrauda al que es el único propietario: el Señor.

Cuando uno se hace centro de sí mismo, ofende a Dios y comienza todo tipo de desórdenes: injusticias con Dios, injurias a sus criados, retenciones injustas y hasta el mismo asesinato del Hijo, bienamado y heredero (Mt 21,38). En cambio, sí deberíamos apropiarnos los frutos de la redención que tenemos en Cristo Jesús, Con ellos tendremos vida abundante, seremos santificados y daremos frutos sanos y maduros para gloria de Dios.

Padre Santo y Señor nuestro: haznos un pueblo que rinda frutos buenos (Mt 21,43) para tu gloria y para tu Reino. Líbranos del egoísmo y la injusticia que se olvidan de tu dominio total sobre tus criaturas y tus bienes. Queremos devolverte acrecentados los dones que Tú nos diste. Amén.

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.