Domingo 8 de septiembre

8.09.24

Domingo 23 del T.O.

CUANDO DIOS NOS TOCA

A veces, cuando una persona se convierte a Dios y acepta a Cristo por la fe, puede decirnos: ‘Dios me tocó el corazón’. Su experiencia espiritual la manifiesta con la imagen de un toque interior por parte del Señor. Cuando la fidelidad y el amor de Dios nos alcanzan, sentimos los efectos de su amor en lo más profundo de nuestro ser y nuestro espíritu.

Si Dios toca con su amor a los angustiados y cobardes de corazón se vuelven fuertes y valientes (Is 35,4). Tal vez, nos alcanza poco el amor de Dios a los miles de afligidos y temerosos. Tal vez, no lo hemos visto «llegar en persona» (Is 35,4b) para resarcirnos y salvarnos. Cuando la fidelidad y el poder de Dios nos invaden; los ojos del ciego se despegan, se abren los oídos de los sordos y canta la lengua del mudo (Is 35,5-6).

Cristo palpa materialmente los oídos de un sordo medio mudo y con su saliva le toca la lengua (Mc 7,33); pero también le toca en espíritu con su amor y con su poder y sensiblemente con sus palabras y su mandato: «Effetá, esto es, ábrete», y al momento se abrieron los oídos del sordo y se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad (Mc 7,34-35). Cristo nos envuelve con su amor poderoso pero ¿qué pasa con nosotros que no experimentamos sus efectos positivos? Cada día, Cristo nos toca a muchos en el Sacramento de la Eucaristía, y ¿podemos quedarnos Igual? ¿Puedo seguir sin oírle, sin verlo, sin experimentar su acción salvadora? ¡Oh Cristo: tócanos transformadoramente desde la fe y el amor! Visualiza tu acción entre nosotros para que crezca nuestra fe y nuestro amor.

El amor de Dios quiere alcanzarnos a todos, a los pobres y a los ricos por igual. Dios nos ama a todos sin acepción de personas (St 2,1). Dios ama y toca a todos con su amor. Madre Teresa de Calcuta tocaba con amor a los más pobres y moribundos, sus «señores», en expresión de San Vicente de Paul y los aliviaba con sus cuidados. Cristo lo hace con todos.

Señor Jesús: tócanos con tu amor y tu misericordia. Impónnos tus manos. Abrázanos a todos con tu amor y cúranos. Consuélanos, sana nuestros miedos y nuestras angustias. Tócanos, sálvanos y haz prodigios entre nosotros. Haznos instrumentos de tu amor y de tu sanación para con nuestros hermanos. Que Te vean a Ti en nosotros. Amén.

«Yo os impongo mis manos como al sordomudo del evangelio. Yo os bendigo. Sois mis hijos amados y me acerco a vuestras heridas, a vuestras llagas y a vuestros traumas para curarlos. Tened fe en Mí».

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.