Domingo 10 del T.O.
RESTAURAR AL HOMBRE
En el formulario antiguo del Ofertorio de la Misa se reconocía una hermosa verdad: «Oh Dios, que maravillosamente creaste en dignidad la naturaleza humana y con mayores maravillas la reformaste». Este fue el trabajo redentor de Cristo. Al perder Adán y Eva la primera dignidad recibida de Dios, el mismo Dios ha de intervenir de un modo aún más maravilloso para restaurar a la humanidad caída. Adán reconoce que por su pecado ha quedado desnudo (Gn 3,12) de los excelentes dones que Dios le había concedido.
A Dios no le quedaba otro camino más que restaurar y reformar a nuestra naturaleza caída, asumiéndola en el Hijo de Dios para que nosotros volviéramos a participar de su naturaleza divina y de la gracia. La naturaleza humana va a alcanzar su culminación en Cristo, que aplastará la cabeza de la serpiente (Gn 3,15).
Todo el trabajo redentor de Jesús consistirá en reparar los daños que Satanás y el pecado han dejado en los hombres. Unas veces Jesús repara las heridas de nuestro cuerpo; otras, restaura nuestra alma y nuestro espíritu. Dios quiere reproducir en nosotros la imagen y semejanza de Jesús. Los que se asemejan entre sí, pertenecen a una misma familia. Por eso, Cristo, más allá de los parentescos de la carne y de la sangre, declara que su familia, sus parientes, sus hermanos y sus hermanas, e incluso su madre, son los que llevan en su alma y en su espíritu su parecido y «cumplen la voluntad de Dios», su Padre (Mc 3,35).
El parecido con Cristo sólo se pierde con el pecado. «Aunque nuestra condición física se vaya deteriorando, nuestro interior debe renovarse día a día» (2 Co 4,16). La imagen de Cristo paciente, víctima y sacerdote, profeta y rey, debe renovarse y perfeccionarse en nosotros cada día, hasta que Cristo restaure nuestro cuerpo y lo resucite con Él (2 Co 4,14).
Jesús: renueva tu imagen en nosotros. Danos un rostro fraterno como el tuyo. Cámbianos a tu imagen, la más perfecta entre los hijos de los hombres. Haznos a imagen de María, la más parecida a Ti, de modo que puedas decirnos que somos tus hermanos y tu Madre, porque nos parecemos a Ti y actuamos a imitación tuya.
«Mirad mi rostro para copiar mi imagen en vosotros y pareceros a Mí. Mirad mi Corazón para que tengáis mis sentimientos. Estudiad mi doctrina y mis palabras para que aprendáis a pensar y a vivir como Yo vivo y pienso. Sed perfectos porque Yo soy perfecto».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.