Domingo 9 de marzo

9.03.25

Domingo 1º de Cuaresma

EN EL DESIERTO

Es en el desierto a donde el Espíritu de Dios nos lleva, como a Cristo (Lc 4,1), para que nos dediquemos a la oración y a la intimidad con Dios: «La llevaré al desierto y le hablaré al corazón» (Os 2,16). Es en el desierto donde nos entrenamos en el combate espiritual, antes de penetrar en la tierra que mana leche y miel (Dt 26,9), donde ofreceremos ante Dios las primicias de los frutos (Dt 26,10) y del triunfo que el Señor nos concederá.

Antes de llegar a la abundancia de la tierra de Dios, tendremos que combatir con el enemigo en el desierto, llevando la Palabra de Dios como arma poderosa en las manos, «en los labios y en el corazón» (Rm 10,8). Y todo el que cruce el desierto de la vida «invocando el nombre del Señor se salvará» (Rm 10,13).

Luchamos contra las fuerzas del mal en el desierto para ser fieles a Dios y nos convertimos a Él, en primer lugar, sin dejarnos deslumbrar por los bienes materiales de la comodidad y el consumismo, de la abundancia y de la técnica: «No sólo de pan vive el hombre» (Lc 4,4). A Dios le consagramos el pan y los bienes materiales, en acción de gracias y para servir mejor, sin hacer de ellos ídolos.

Nos convertimos en el desierto adoración y al servicio divinos: «Al Señor tu Dios adorarás y a Él sólo darás culto» (Lc 4,8). Y renunciamos de corazón a Satanás y a la adoración del poder de los ídolos y al dominio sobre los reinos del mundo (Lc 4,5). Renunciamos a todo poder que no venga de Dios y que nos esclaviza y a Él le sometemos todo don y poder recibido de sus manos para servirle.

Nos convertimos a la humildad evangélica y a la fe confiada en el amor de Dios, sin tentarlo (Lc 4,12) con la exigencia de prodigios. Y renunciamos a la gloria humana, al orgullo personal, y le devolvemos al Señor toda gloria y honor recibidos, que sólo a Él le pertenecen.

«Manifiesta, Señor, tu gloria a los hombres y que nosotros desaparezcamos para que no hagamos sombra a tu resplandor y tu presencia. Líbranos de los engaños del tentador, que quiere robarte tu gloria. Sólo a Ti, Señor, sean el culto, la adoración, la acción de gracias, el honor y la alabanza. A Ti, el único grande y sublime, el único Señor de todos y de todo. Amén.

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo C – Ceferino Santos S.J.